Ya están en todo el territorio nacional las campañas de todos los partidos y todos los candidatos aspirantes a 3 mil 400 cargos de elección popular, desde Presidente de la República, hasta regidores. Son muchos los llamados, pero pocos serán los escogidos. Internamente, sea el método que sea, ya los partidos han seleccionado a los … Leer más
Ya están en todo el territorio nacional las campañas de todos los partidos y todos los candidatos aspirantes a 3 mil 400 cargos de elección popular, desde Presidente de la República, hasta regidores.
Son muchos los llamados, pero pocos serán los escogidos. Internamente, sea el método que sea, ya los partidos han seleccionado a los que van a contender con sus siglas y en ese proceso vemos unos pocos muy alegres (los que tienen muchas posibilidades de ganar); unos menos alegres, (los preocupados porque no están seguros de su victoria); unos más alegres, (los plurinominales que sólo tiene que esperar a tomar posesión) y muchos molestos o desilusionados, porque no fueron nominados, o porque sus amigos o compadres no merecieron la nominación.
En todos los partidos se habla de injusticias, imposiciones, componendas, “arreglos”, presiones, desprecios, descalificaciones, incomprensiones, compadrazgos, etcétera.
Estas inconformidades, en ocasiones se atienden oportunamente y se sanan las heridas, se negocia, se pacta y se sigue adelante. Cuando no se atiende, o no se quiere o no se puede, se deja al militante o al aspirante rumiando solo su desencanto, con alguna expresión como la de “ahí se le pasará”.
La política es, según los que saben, de pasiones, y éstas, en ocasiones se desbordan, y así parece ser en los procesos selectivos, en los que en ocasiones se aprovecha para seleccionar a los mejores y en algunos casos para imponer amigos, familiares, socios, novias, novios, incondicionales y secuaces, o bien para bloquear a quien se considera indeseable o no es bien visto.
Este proceso es complicado, porque los que no son nominados, por una o por otra cosa, quedan incómodos, insatisfechos, enojados y resentidos. Algunos se van; renuncian al partido, porque no sintieron reconocimiento a su trabajo, reciprocidad. Porque se dan cuenta que en los otros partidos los respetan más que en el suyo, y otros, porque de plano se cansan de trabajar y trabajar en su partido y de que siempre los hagan a un lado.
Desde aquí le manifiesto mi respeto a quienes, con dignidad, renuncian a la candidatura cuando no encuentran respeto y respaldo; pero también a quienes con madurez, deciden emigrar a otras expresiones.
Imagen Zacatecas – Jaime Santoyo Castro