Le doy la bienvenida apreciable lector/a, esta es una columna que dará un repaso por los sucesos del mundo, su lectura se agradece. Pasear por una de las estrechas calles de Marrakech, Fez o Casablanca nos traslada a esas míticas sagas de Hollywood, el andar por esas pequeñas vías se complica por el paso de … Leer más
Le doy la bienvenida apreciable lector/a, esta es una columna que dará un repaso por los sucesos del mundo, su lectura se agradece.
Pasear por una de las estrechas calles de Marrakech, Fez o Casablanca nos traslada a esas míticas sagas de Hollywood, el andar por esas pequeñas vías se complica por el paso de motocicletas, vehículos, personas, carretas, bicicletas y unos cientos de turistas. Los árabes y bereberes son las razas mayoritarias de la única monarquía musulmana sobreviviente en el norte de África: Marruecos. Las frescas brisas del desierto elevan la temperatura más allá de los 40 grados. Los pobladores no han probado bocado, el ayuno es obligatorio en el mes sagrado del ramadán, se les nota con menos energía para vender alguno de sus exóticos tapetes o teteras. El tiempo lo marcan los llamados a orar, los cuales resuenan cinco veces al día irrumpiendo en cada rincón de la ciudad.
Sus vecinos ideológicos han sufrido profundas crisis políticas desde hace tres años cuando apareció la Primavera Árabe. Libia sufre una guerra civil. Egipto elecciones de por medio sigue gobernado por una élite militar. Túnez no ha tenido gobiernos fuertes que le den un rumbo claro. El Sahara como región que a traviesa varios países tiene sus propios conflictos entre las tribus que lo habitan. El mundo musulmán tan multicultural como otros mundos en América Latina sufre el embate de los nuevos modos del quehacer público, uno impulsado desde algunos jóvenes universitarios contra la manera de ver la política de los grupos de derecha más apegados a los principios religiosos.
En Marruecos la monarquía autoritaria con orígenes en un sultanato instaurada en 1956 lleva tres reyes, el actual monarca Mohamed VI lleva en el trono cerca de 25 años. El rey ha sabido sobrellevar la antes mencionada Primavera Árabe, transitando de un sistema absoluto a una monarquía constitucional, para sus detractores las concesiones parecen poco, pero la astucia política le ha permitido que las cuestiones políticas se queden en la discusión de quién será el Primer Ministro o qué partido presenta las mejores propuestas para el parlamento. Traté en vano de buscar alguna voz discordante, el tema de ser una República no está en la mesa.
Lo curioso es que su sistema de transporte está a la altura de varias naciones europeas, trenes, carreteras y aeropuertos conectan el norte con el sur, la costa con el desierto. Su economía se mantiene a flote gracias a las oleadas de turistas provenientes principalmente de Europa. Las diferencias étnicas y raciales no les generan grandes brechas, los árabes han entendido que necesitan de los bereberes para que el turista visite la más grande atracción: el desierto del Sahara.
Al recorrer de noche la plaza central de Marrakech se percibe una vida diferente llena de aromas, de sabores, de curiosidades tan cotidianas.
Imagen Zacatecas – Ricardo González