No hace mucho, me encontraba revisando ciertos asuntos con una persona cuando de pronto su teléfono celular comenzó a timbrar. Ante mi sorpresa, lo tomó con actitud molesta y contestó agresivamente a su interlocutor: “ahorita te marco, ¿sí? estoy ocupado” y luego murmuró, no sé si para sí o para que yo lo escuchara: “¿cómo … Leer más
No hace mucho, me encontraba revisando ciertos asuntos con una persona cuando de pronto su teléfono celular comenzó a timbrar. Ante mi sorpresa, lo tomó con actitud molesta y contestó agresivamente a su interlocutor: “ahorita te marco, ¿sí? estoy ocupado” y luego murmuró, no sé si para sí o para que yo lo escuchara: “¿cómo se le ocurre marcarme ahorita?”. En ese momento me pareció tan graciosa su postura que no pude evitar comentarle: “¡claro, si está viendo que estás ocupado!”.
La mayor parte de los problemas que existen –si no es que todos- entre los seres humanos tiene que ver con fallas en la comunicación. Quise poner este ejemplo para abordar la problemática que se suscita cuando una de las partes –o las dos- dan por hecho que la otra sabe o conoce cómo nos sentimos, cómo nos encontramos, qué esperamos o necesitamos y, por lo tanto, cómo deseamos o creemos que merecemos ser tratados.
Ante la pregunta “¿acaso podría comportarse conmigo de una manera diferente?” La respuesta es de lo más sencilla: “¿Se lo has pedido?”. Ciertamente este tipo de dificultades en la comunicación suele darse con mayor frecuencia entre hombres y mujeres. Los primeros somos más de lenguaje verbal simple y llano y las segundas de lenguaje no verbal un tanto más complejo.
En lo personal me manifiesto a favor de decir las cosas como son a aquellas personas con las que tengo que comunicarme buscando, por supuesto, el momento y el lugar más oportuno procurando, además, hacer un esfuerzo por entender que con quien se dialoga es un ser humano que tiene su propia sensibilidad ante determinadas circunstancias y respetando siempre su punto de vista ante todo, aunque no se comparta. Es más fácil entenderse con alguien con quien se ha logrado una cierta empatía.
Y este esfuerzo no es para regalarle nada a nadie ni para hacerle un favor a otro más que a uno mismo ya que al hacerlo se puede evitar un desgaste innecesario que solo consigue hacernos perder tiempo y energía en el inevitable ejercicio de la comunicación humana.
Imagen Zacatecas – Juan Carlos Ramos León