Muchos discursos se han publicado en los medios, a raíz de las polémicas hipótesis del grupo internacional de expertos, convocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para encontrar causas sólidas a la aciaga desaparición de 43 normalistas guerrerenses. Algunos periodistas oficiales se han comportado más papistas que el propio Papa, al descalificar el informe … Leer más
Muchos discursos se han publicado en los medios, a raíz de las polémicas hipótesis del grupo internacional de expertos, convocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para encontrar causas sólidas a la aciaga desaparición de 43 normalistas guerrerenses.
Algunos periodistas oficiales se han comportado más papistas que el propio Papa, al descalificar el informe alternativo con recursos retóricos escasamente inteligentes, olvidando que la desconfianza ciudadana ha sido nutrida por décadas de mentiras, encubrimientos e impunidad.
Tampoco los gobiernos de oposición han salvado la cara en este ámbito, basta recordar el affaire Cassez, el bochornoso espectáculo del Señor de las Ligas y, cómo no, el papelón de un exprocurador panista con su audaz lance de contratar a la vidente Paca, para hallar los restos de un personaje crucial en la investigación de un asesinato político.
El esperpento nacional ha sido abundante y cultivado con esmero por una clase política decadente. En este sentido, pútrido ha sido el contexto que diariamente alimenta la imaginería de los habitantes de la calle y el campo mexicanos, tan proclives a cebarse en los políticos para mitigar las penurias diarias que estos les hacen pasar.
El caso de Ayotzinapa es un claro ejemplo de que aquí la ley siempre está sujeta a negociaciones políticas, como también lo están los parámetros para contratar el personal que ha de llevar a cabo tareas tan cruciales como las de la investigación forense y policiaca y la impartición de justicia.
Cada sexenio son anunciadas reformas para limpiar los órganos policiacos, pero con clamorosa frecuencia terminan más apestosos que antes. ¿Por qué? Porque son las afinidades políticas y no las trayectorias profesionales los criterios que rigen la toma de decisiones de los directivos para formar equipos institucionales. Cada ciclo atestiguamos cómo en aquellas dependencias proliferan los leales incompetentes que ocupan el lugar que los expertos debiesen tener.
Por ello en México, quedan impunes el 99% de los delitos. Las razones del escepticismo son objetivas, las apologías del sistema son discursos subjetivos.
Imagen Zacatecas – Miguel G. Ochoa Santos