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Sacrificio

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Juan Carlos Ramos León.

Estuve siguiendo un programa de televisión que trataba acerca de los avances en materia de inteligencia artificial y cómo en diversas universidades e institutos alrededor del mundo, brillantes científicos e investigadores se encuentran desarrollando asombrosos proyectos que van desde la aplicación de estas tecnologías a usos que faciliten –y mejoren- la calidad de vida del ser humano, hasta otros que parecería que tienen como objetivo suplantarlo.

Así es. Me llamó especialmente la atención una parte en la que se presentaban modelos de humanoides que asemejaban mucho las gesticulaciones faciales de las personas, con modelos de rostros estéticamente muy atractivos. Y se comentaba que existe casi una carrera en lograr algo así como “compañeros sexuales”. Cabe aclarar que el término no hace, en sentido estricto, alusión al acto sexual, ya que entonces se hablaría más de un “juguete”. Es de importante relevancia aquí la palabra “compañero”.

Me interesó reflexionar en la posible intención que podría estar detrás de esta búsqueda del  compañero “perfecto”: Uno que esté ahí cuando se le necesite y se vaya cuando no; que no proteste ni contradiga; que no estorbe; al que quizás no haya que hacer más que conectarle para cargar su batería y pedir que vengan por él cuando requiera mantenimiento o se descomponga; en suma, que complazca en absolutamente todo sin chistar. Un esclavo, para acabar pronto.

Y es que, si usted se da cuenta, estamos hablando de una relación perfecta. Perfectamente egoísta, quise decir. ¿Ha notado que se le quitó un pequeño pero  muy significativo ingrediente, indispensable para el éxito de toda relación humana? Se llama “sacrificio”. Esto es, esa capacidad característica sólo de seres humanos que se encuentran en una etapa superior de su desarrollo como personas, la cual consiste en renunciar muchas veces a posturas propias –incluso legítimas- con tal de lograr acuerdos necesarios para la convivencia equilibrada entre dos o más personas.

Si se pudiera confirmar que, en efecto, la intención de estas investigaciones es tal, se confirmaría también que el hombre terminó por perder la cordura y le está jugando a ser Dios. Y, aquí entre nos, no creo que esto termine por llevar a buen puerto.

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