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23 de octubre

Imagen Zacatecas edición del 23 de octubre de 2021
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José Luis Guardado Tiscareño.

Declarada la fase 3 de la pandemia por coronavirus, estamos frente al escenario de un brote mayúsculo de contagios. Es el momento para la máxima prueba a nuestro sistema de salud, es ahora cuando se considera que será el peor momento para el país, pero, ¿cuánto durará? Eso depende de las decisiones ya tomadas por el gobierno, la capacidad de nuestro sistema de salud, pero sobre todo de las acciones de la sociedad. Los ciudadanos estamos obligados a atender de manera responsable las indicaciones si queremos que esto acabe pronto y lo mejor posible.

Pensar en volver a la normalidad, a las acciones cotidianas que cada uno realizaba día a día es difícil de considerar. Esta pandemia seguramente será un parteaguas para el cambio de la vida en sociedad; dinámicas laborales, gubernamentales, de salud, en educación y hasta personales se modificaron, por lo que será necesario, y en muchos casos hasta obligatorio replantear las formas en las que convivimos. No sé si sea para bien o para mal, pero el mundo no volverá a ser lo mismo, y no solo por esta crisis de salud, sino por una de las más sufridas consecuencias que trajo la pandemia; la crisis económica.

Hoy lo urgente es superar la pandemia, que ante la falta de una vacuna o retroviral que lo posibilite, lo mejor ha sido optar por medidas preventivas de distanciamiento social, por lo que fue necesario detener actividades económicas, deportivas, culturales, sociales y educativas, lo que afectó de manera negativa en lo económico y político. El impacto y gravedad, así como la superación de la crisis económica depende mucho de las decisiones y acciones que empieza a tomar el gobierno y las instituciones públicas y privadas, además de la sociedad en general.

Según expertos y algunas instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han estimado que hasta hoy, más del 80% de la fuerza laboral en el mundo esta total o parcialmente detenida; las remesas caerán en 20% y se prevé que casi 200 países sufran crecimientos negativos, entre ellos México. El escenario se vislumbra tan trágico como en la Gran Crisis de 1929 y peor que la del 2008, donde el desempleo, la pobreza y la desigualdad se volvieron los principales problemas.

El gobierno ha anunciado ya una serie de medidas que buscan enfrentar y atenuar el impacto en la economía, y precisamente recurre a las mismas recetas del pasado; aumentar el gasto público, una medida keynesiana que ayudó a superar la crisis de 1929. Sin embargo, las circunstancias hoy son muy diferentes, pues los presupuestos públicos tendrán que ser modificados y adecuados ante la pobre recaudación, el desplome en los precios del petróleo y el gasto no previsto en salud. Los ingresos del Estado ni siquiera llegarán a lo estimado al inicio del año y esto implica tener que quitar de un lado para poner en otro, renunciar a obras, planes y programas para salvar lo verdaderamente importante.

Incluso el Banco de México ha emprendido acciones sin precedentes, como volverse prestamista de última instancia, inyectando 30 mil millones de dólares a la economía; sin embargo, no sabemos si estas decisiones vayan en sincronía con las decisiones de carácter fiscal y de gasto público del Gobierno Federal.

El presidente de México anunció una serie de medidas y prioridades por atender, volviendo rigurosas las medidas de austeridad y honestidad, redireccionando recursos para aquello que es importante para él. Esperemos que las prioridades del presidente sean las correctas para salvar y desarrollar al país.

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