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?Soluciones incorrectas
Jésica García Torres 09-06-2016 21:15 hrs

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Como opinión personal, hasta hace unas semanas atrás podía decir que el tema de la violencia contra las mujeres me era un tanto ajeno, quizá porque no había vivido alguna situación del tipo o simplemente por la poca familiarización que hay en la región en cuanto a ello. 

Sin embargo, la realización de movilizaciones como la de abril bajo la insignia #VivasNosQueremos, o la campañas permanentes que se realizan al interior de escuelas y centros públicos deja ver que el problema es más grave de lo que pensamos. 

Lo cotidiano que se está volviendo esta situación de violencia es alarmante. Tanto, que durante los últimos meses se han desarrollado programas y políticas en distintos lugares del país para reducir la incidencia de casos que atentan contra la integridad de la mujer. 

Un ejemplo de esto es la Estrategia 30-100 contra la violencia hacia las Mujeres en el Transporte y Espacios Públicos, implementada en la Ciudad de México con el fin de “erradicar la violencia” que acecha en calles y medios de transporte como el metro o autobús. 

En la primera fase de este programa se presentó un silbato, cuyo uso será para alertar por parte de las víctimas sobre posibles delitos. La medida implementada generó una serie de opiniones en todos los medios de comunicación, considerándolo ridículo e inefectivo y haciendo énfasis en que las mejores soluciones no tienen nada que ver con el uso de este artefacto. 

La realidad es que, como bien han señalado muchos comentarios de grupos feministas, la violencia o el acoso hacia las mujeres no está dado por la capacidad que tengan éstas de defenderse (o por las herramientas que les permitan hacerlo), sino por cuestiones de comportamiento de los agresores, determinadas por educación y percepción del género contrario.

Las medidas reales no deberían incluir sólo objetos que funcionen como alarma, sino herramientas que comuniquen en tiempo real y efectivo una agresión, un sistema efectivo de atención a víctimas, sistemas de monitoreo expedito, mayor vigilancia, leyes más estrictas, programas de educación efectivos. 

El camino por recorrer para erradicar la violencia (y no sólo hacia las mujeres), es aún largo, y se ve obstaculizado por cuestiones como la falta de participación en denuncias, la desinformación y la desconfianza de la población hacia el sistema de justicia. Las soluciones se conocen, el problema es querer desarrollarlas y promoverlas.