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El Día del Señor
Jesús significa “El Dios que salva” y “El Emmanuel”, que quiere decir, Dios con nosotros
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 17-12-2016 20:22 hrs

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Liga Corta




Cortesía / QUE EN CADA CORAZÓN se prepare un portal de adoración para el Niño Dios.
Introducción
Hermanos: Hemos llegado ya al cuarto domingo de Adviento. Completamos las bendiciones de “Nuestra Corona del Adviento”.

Encendemos el último cirio de esta corona y para la Navidad del Señor, bendeciremos y encenderemos el cirio blanco en medio de los otros cirios, para significar que Cristo anunciado y esperado en estas semanas, es “Luz del Mundo”, que viene a disipar las sombras y tinieblas del pecado y de la muerte.

Viene a renovar todas las cosas del cielo y de la tierra y de manera muy especial, renovar a la humanidad en todas sus generaciones que se suceden en el espacio y el tiempo de la historia de nuestra salvación, uniendo a nuestra suerte y destino final, según el plan de Dios, a toda la creación que se transformará en “los nuevos cielos y la tierra nueva”, cuando la justicia y el amor llenen la tierra entera y se vuelva a escuchar la alabanza de los coros angélicos ante el pesebre del Niño Dios: “¡Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres que ama el Señor!”

Esta homilía intenta desarrollar algunas facetas de la personalidad del Niño Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, para tomar conciencia de fe y llenarnos de gozo y paz, sabiendo a quién adoramos, a quién celebramos en esta plenitud de los tiempos mesiánicos.

Rasgos y facetas de la rica personalidad de Jesucristo, luz del mundo
Las lecturas bíblicas de este domingo, nos descubren dos facetas fundamentales de esta personalidad del Señor: Primero el nombre de Jesús que el arcángel Gabriel reveló a María al anunciarle la encarnación del Verbo divino en su seno de doncella virgen.

Este Hijo debía recibir el nombre de Jesús, de acuerdo a la revelación que Dios hizo a San José, padre adoptivo del Niño Dios, según las palabras de esta magnífica revelación: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo.

Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de JESÚS, porque él salvará su pueblo de sus pecados”.

Luego San Mateo nos dice: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de EMMANUEL, que quiere decir “Dios con Nosotros”…”.

He aquí pues, los dos rasgos fundamentales de la personalidad de Jesucristo, y suponiéndolos, de acuerdo a las enseñanzas de la revelación divina y el magisterio de la Iglesia, iluminada por el Espíritu Santo, consideramos ahora otros nombres o dimensiones de la hermosa y riquísima personalidad de Jesús el Emmanuel:

Jesús es el Mesías el Hijo de Dios vivo enviado por el Padre eterno para salvarnos. Es él Primogénito de toda creatura y todo se mantiene en él.Es también nuestro maestro y redentor de los hombres; él nació, padeció, murió y resucitó por nosotros.

Él es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y esperanza; él ciertamente vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad plena y eterna.

Jesús es luminosamente, nuestro camino, verdad y vida y nadie va al Padre eterno sino por él, con él y en él. Asimismo, él es el pan y la fuente de agua viva que satisface nuestra hambre y nuestra sed. Él es nuestro pastor que da la vida abundantemente por sus ovejas, nuestro guía y nuestro ejemplo a imitar, nuestro consuelo y nuestro hermano.

Él fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido y paciente. Por nosotros anunció el evangelio; obró milagros; instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados.

Él es el príncipe de la paz; es el principio de la convivencia y nuestra fraternidad, más allá de las exigencias de la carne y de la sangre.

En su reino de amor y libertad, sus hermanos que somos todos los hombres sin acepción de personas, enaltece a los limpios de corazón, en el cual  los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de paz y justicia son saciados.En el que los pecadores pueden alcanzar el perdón y en el que todos son verdaderamente hermanos, siendo él, el primogénito entre muchos.

Exhortación final 
¡Este es Jesucristo, a quien en esta navidad queremos conocer más y más, para amarlo con todo el corazón, con las fuerzas de nuestras almas, para adorarlo y servirlo en nuestros semejantes, como verdadero Dios, salvador y redentor nuestro:

Acerquémonos,  pues, hasta el pesebre de Belén, para que ese Niño Dios sea muy nuestro y que en cada corazón se le prepare  un portal de adoración, acción de gracias, pidiendo perdón y las gracias que tanto necesitamos para que este mundo en el cual vivimos y se desarrollan nuestras vidas, sea el mundo que Dios tanto quiere: mundo de paz, seguridad, fraternidad que comparte vida y recursos para la vida digna y hermosa que el Padre de Nuestro Señor Jesucristo con toda la luz y gozo del Espíritu Santo, quiere para todos sus hijos, desde este tiempo hasta la eternidad gozosa del cielo, en compañía de Cristo, María y todos los santos!



*Obispo emérito de Zacatecas