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La líder anglicana asume el cargo en medio de retos internos y un llamado a la unidad global.
INGLATERRA.- La Iglesia de Inglaterra marcó un precedente este miércoles con la investidura de Sarah Mullally como la primera mujer en ocupar el cargo de arzobispa de Canterbury, una posición con más de 1,400 años de historia.
La ceremonia se llevó a cabo en la Catedral de Canterbury, donde la nueva líder espiritual asumió formalmente su papel como cabeza de la iglesia anglicana y referente de más de 85 millones de fieles en todo el mundo.

Durante el acto, que reunió a cerca de 2,000 invitados, incluidos miembros de la realeza británica y líderes religiosos, Mullally tomó asiento en la histórica Cátedra de San Agustín, símbolo del poder eclesiástico. En su primer mensaje, hizo énfasis en valores como la paz, la verdad, la justicia y la compasión, además de reconocer los errores del pasado en temas de abuso dentro de la iglesia.
Asimismo, su nombramiento representa un cambio significativo en una institución tradicionalmente conservadora, donde la ordenación de mujeres ha sido motivo de debate durante décadas.
El ascenso de Mullally ocurre en un contexto complejo para la Iglesia de Inglaterra, marcada por escándalos de abuso, divisiones internas y cuestionamientos sobre su relevancia en la sociedad contemporánea.

Con 63 años y una trayectoria que incluye su labor como enfermera y obispa de Londres, la nueva arzobispa enfrenta el desafío de reconstruir la confianza de los fieles y promover la unidad dentro de una comunidad global diversa.
Además, persisten tensiones entre sectores conservadores y progresistas, especialmente en temas como el liderazgo femenino y la inclusión de la comunidad LGBTQ+.
Momento histórico para la Iglesia en Inglaterra.
Sarah Mullally se convirtió en la primera arzobispa de Canterbury. Es la primera mujer que liderará la Iglesia anglicana formada por más de 95 millones de feligreses en 165 países.pic.twitter.com/ZZmEmXc3e4
— Joaquín López-Dóriga (@lopezdoriga) March 25, 2026
A pesar de ello, Mullally ha apostado por un discurso conciliador, subrayando la necesidad de mantener la cohesión dentro de la Comunión Anglicana.
Su investidura no solo simboliza un avance en la equidad de género dentro de la iglesia, sino también una oportunidad para redefinir su rumbo en el siglo XXI.