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Las penas con pan son buenas y don Rubén ofrece el mejor

En la calle, su voz anunciando el pan sobresale de entre el ruido de los vehículos y el murmullo de la gente.

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   |  30 noviembre, 2019

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Foto: Carlos Montoya.

ZACATECAS.- Reza el dicho que las penas con pan son menos y eso lo sabe perfectamente don Rubén Raigoza Chávez, quien lleva una vida entera dedicándose a la elaboración y venta de su famoso pan de horno, pues se trata de una herencia familiar convertida en tradición.

Junto con su esposa, doña Claudia Ojeda Muñoz, todos los días a las 2 de la mañana se levantan para comenzar con la fabricación de este esponjoso bocado sabor a vainilla, ideal para acompañarlo con un buen café o un vaso de leche.

Una lata que hace maravillas

Ellos son originarios de la comunidad de Benito Juárez, perteneciente al municipio de Zacatecas, y desde el 2007 venden este producto hecho artesanalmente al 100% en la calle Aldama en el Centro Histórico, frente a Modatelas, donde la banqueta es su mejor vitrina.

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Foto: Carlos Montoya.

Don Rubén, de 52 años, comentó que anteriormente el pan, hecho en moldes de latas de sardinas de ahí su característica forma ovalada, lo vendían en las comunidades aledañas como Miguel Hidalgo, Chilitas, Machines, entre otras.

Sin embargo, sus trabajadores se fueron casando hasta que él y su esposa, con ayuda de sus dos hijas, se quedaron a cargo de la elaboración, distribución y venta de este manjar.

Una herencia deliciosa

“Nosotros hacemos el pan desde la década de los años 70; pero la receta es más antigua, la mamá de mi esposa la hacía desde más antes,” comentó don Rubén, quien se dijo orgulloso de su oficio, pues le ha dado para sacar adelante a su familia.

Agregó que sus dos hijas estudian gracias a la venta de este pan cuyo proceso es laborioso; pero no por eso van a dejar de hacerlo con esa pasión que le ponen al trabajo y que los ha llevado a hacerse de una clientela.

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Foto: Carlos Montoya.

Llévele, llévele, que es de hoy

En la calle, su voz anunciando el pan sobresale de entre el ruido de los vehículos y el murmullo de la gente que camina por la banqueta y que se acerca a comprarle una pieza por 10 pesos o 3 por 25.

El proceso de la elaboración de este pan de horno de piedra termina a las 5 de la mañana y en punto de la 7 llega al Centro Histórico para comenzar con la venta que termina entre 5 y 6 de la tarde.

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Foto: Carlos Montoya.

Luego de haber vendido las 130 piezas que carga en una olla que es tapada por un hule para mantenerlo lo más calientito posible.

“Lo que más me gusta de mi trabajo es que la gente responde, que se lleva un buen sabor de boca y conocer personas nuevas cada día”, comentó don Rubén quien está decidido a dedicarse a este oficio durante toda su vida.

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