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Mi delito… drogarnos

Las drogas eran el único escape de esta mujer.

Ivonne Nava García

   |  13 octubre, 2019

Mi delito… drogarnos

Dos jóvenes hermanos: una mujer y un varón crecen al lado de una madre alcohólica y un padre adicto a la marihuana y la cocaína. Ambos se vuelven consumidores desde los 11 y 12 años. Su historia revela mucho sufrimiento.

El inicio

Mi padre siempre fue un aficionado de todo lo que tuviera que ver con el black metal: su letra no se entiende ya que es todo gritado como el gore y las guitarras suenan muy rápido. Esta música la escuchan las personas iracundas e instintivas; también le gustaba el death metal, es el mismo ritmo del black, pero se diferencia en que sus letras son de muerte, suicidio, etc., y del heavy metal que es una música comercial y las personas entran al metal por este género. Sus letras hablan de pasajes de la biblia, de muerte, de decepción, de que la vida no vale nada, etc. Hay muchos otros que después conocimos y que llevan a uno a sumirse en las estelas de la muerte y querer suicidarse.

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A mi hermano y a mí nos vestían con ropa negra y con playeras de calaveras y cosas así. Para mí era normal andar así. No tenía muchas amigas porque no se querían juntar conmigo, porque decían que mi ropa les daba miedo. Mis jefes son del “estado” (de México) y yo sé que mi destino y el de mi hermano ya venían marcados. Comencé por aficionarme a la música rock o metal que escuchaba con mis jefes y luego yo me compraba mis propios discos para estar en la onda, esto fue a la edad de 11 años.

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Poco a poco me fui adentrando en ese mundo. La neta nunca vi a mi jefa que se metiera marihuana, pero a veces si la veía muy extraña y yo pienso que también se llegó a dar sus “toques”. Nuestros jefes no nos ponían mucha atención y nos daban muchas libertades. Yo prácticamente no tenía amigas porque casi no había morras como yo en la escuela. Uno tiene que buscar sus pares para estar en onda.

Mi carnal y yo empezamos a ir a conciertos de rock metal pesado. Ahí la mayoría de los jóvenes se metían drogas como marihuana, cocaína, etc. Aunque uno no fuera a consumir salía bien “tocado” de ahí porque se concentraba el humo de la marihuana. Ahí empezamos a consumir como dicen de segunda mano, porque no nos dábamos los toques directos. Cada concierto era una oportunidad de drogarnos, salíamos muy relajados de ahí. Todo esto fue cuando vivíamos en el DF.

Cuando iba a ajustar mis 15 yo no soñaba con la fiesta de quinceañera con vestido rosita. Yo quería una fiesta estilo “gótico”, se me hacía muy elegante la forma de vestirse de esos cuates. Me fui involucrando más con el estilo y empecé a escuchar la música estilo “gótico” casi siempre son un hombre y una mujer cantando a dúo, las letras son bastante depresivas y la música es antigua. Es mucho más tranquilo que el metal. Pero este cambio en mí me trajo una nueva serie de sentimientos que no había sentido. Me hacía sentir sumamente triste. Para ese tiempo mi “jefe” nos dijo que nos vendríamos a vivir aquí a Fresnillo.

Dijo que si no se hacía bien lo de la venta de discos y ropa metalera se iba a meter de tatuador.

Le dije que nada más me hiciera mi fiesta de 15 para invitar a la raza. Se hizo mi fiesta muy chida como me la imaginé mi vestido era lleno de encajes negros. De ahí todo cambió y se derrumbó.

Mi hermano se empezó a mal relacionar porque se metió con rateros, para esa fecha él tenía 16. Andaba con unos compas que lo llevaron a un concierto y le dieron un “churro”, mi hermano ya le metía al alcohol. A él de morro le habían dado crisis convulsivas y con la mota directa se puso muy loco, dijeron que empezó a ver alucinaciones y que salió corriendo de ahí como loco; nos avisaron que se lo había llevado la Cruz Roja porque lo atropelló un camión urbano.

Nos tardamos 2 días para encontrarlo; mi hermano quedó paralítico del golpe que se llevó en la cabeza y con lo que ya tenía de la epilepsia, quedó como retrasado.

Intento de suicidio

Eso me dio para abajo me fui a meter a un concierto para relajarme y cuando llegué a mi casa me quedé dormida escuchando metal. Al despertar al día siguiente sentí una gran depresión y ganas de matarme y me dije: me voy a matar con dignidad yo no quiero quedar como mi hermano, coloqué un disco con música de metal y me tomé varias pastillas sedantes; esto fue a las 10 de la mañana, me dio sueño, me acosté, perdí el conocimiento y mis familiares me llevaron de urgencia a una clínica, allí me realizaron un lavado gástrico que me salvó la vida.

Cambio de residencia

Mi “jefe” pensó que estaríamos mejor en otro lugar y como la familia de él es de Fresnillo, dijo que nos viniéramos para acá, que se pondría a vender cosas para metaleros y haría tatuajes como allá en el DF.

A los 16 años me relacioné a través de la música con otros que les gustaba lo mismo que a mí. Yo me imaginaba que acá iba a ser peor, pero rápido encontré gente como yo: o sea con el mismo gusto por la música, lo malo es que también se drogaban con la marihuana y me invitaban a que lo hiciera: “Ven y pruébala me decían” y por primera vez la probé.

Recuerdo que me reía y reía, después caí en depresión y paranoia, imaginando que ellos me iban a violar, me fui corriendo drogada a mi casa, seguí con la música rock y marihuana. Dejé la escuela porque mis jefes no podían cuidar a mi hermano y yo me quedaba en la casa para atenderlo. Ahí invitaba a mis nuevos amigos y nos drogábamos.

Nueva música

Mis amigos se pusieron a ver los discos de mi “jefe” y recuerdo que encontramos unos que en la carátula del cd venían impresas imágenes de gente muy enferma, y órganos genitales que se veían enfermos la escuchamos y era muy satánica. Esa música se la encargaban a mi “jefe”.

Un mundo terrible

Cuando uno se mete en ese mundo conoce gente muy peligrosa y otra que solo quiere vivir diferente. Yo tuve la mala suerte de conocer a un tipo muy maldito.

Él no era de aquí, llegó a ganar dinero decía él (yo lo consideraba mi mejor amigo), un día después de consumir marihuana me dio algo en la bebida. No recuerdo lo que pasó después, pues no sabía ni quién era ni dónde estaba. Una amiga que también se metía drogas me contó que me había violado. Esa vez no puse denuncia porque no sabía lo que me había pasado y me daba miedo denunciar a esas personas. Me quedé callada, poco después una vieja fue a amenazarme, me arrastró en plena calle, me partió la nariz y todo en la misma calle donde yo vivía, nunca volví a saber de ellos, eso fue como para el 2008.

Cambio de vida

Ya me quería salir de eso, estaba muy asustada porque decían que el que me había violado tenía sida. Comencé a trabajar en un supermercado, me hice exámenes y salió todo negativo. Yo quería dejar la marihuana, pero mi sueldo era para las reuniones, la marihuana y el alcohol; vivía deprimida, mi madre me llevó a ver a una señora de un grupo religioso en Tamaulipas que porque yo era una chica problema, ese lugar no me gustó. Yo me los imaginaba como si estuvieran en lugar de rezar brincando y luego los veía que caían como si estuvieran poseídos. Estaba teniendo alucinaciones, mi madre me dijo que ahí nunca hicieron eso, yo me saqué mucho de onda y quería cambiar, pero siempre volvía a caer en la tentación me iba con la raza a lo mismo.

De todo

Yo no quería meterme en problemas con nadie, pero cuando estaba drogada no sabía de mí. En una ocasión me fui con el grupo. Consumí marihuana, cigarros, alcohol y me volví como loca; por primera vez realicé lesbianismo con otra drogadicta; ya me había metido a la prepa otra vez, nos habíamos mudado a Zacatecas y yo me “las tronaba” en los baños. A pesar de todo lo que me pasaba, seguía consumiendo la marihuana, ya que trataba de buscar la felicidad y me volvía risueña, reía y reía y después la depresión y las ganas de morir, entonces lloraba y lloraba. Me preguntaba la razón por la que había venido a este mundo.

Fondo

Un día casi me matan. Es un ambiente muy negro en el que uno se mueve. Estuvimos “entrándole” se puso muy hard el ambiente y yo me quise retirar y zafar de esas broncas negras. Yo sentía que me ordenaban que lo hiciera, pero algo en mi cuerpo me decía que no. Sé que hay grupos que también escuchan metal y eso y que son más sanos. Ese día por poco me matan. Yo no le quise poner (tener relaciones) con los chavos y sus sucias propuestas y terminaron encajándome una daga en el abdomen. Me dejaron ahí y como pude llamé a la Cruz Roja.

No los quise denunciar porque eran chavos como yo, yo no sabía que estaba embarazada, pero de ahí se me vino el aborto. Dos de ellos ya se murieron por lo mismo de las drogas. Para mí, esa inconsciencia en la que vivía era una felicidad, aunque realmente me estaba destruyendo. En mi casa me sentía deprimida, con ellos me sentía feliz, risueña. Pero no me imaginé cómo nos iba a destruir a todos.

En ese ambiente que me movía las mujeres somos degradadas, ya que tenemos relaciones sexuales con uno y con otro, no nos valoran como mujeres, nos lo dicen en la cara.

Por la situación familiar que yo tuve junto con mi hermano quedamos como en un vacío y buscamos un escape, yo comencé por esa música y me enredé en el mundo de la droga.

Ahora medito en ese pasado y en la necesidad de alertar a los jóvenes para que no pasen por lo que yo viví: malas amistades, droga y una vida sin valores, a lo único que te llevan a es vivir más soledad, decadencia y hasta muerte.

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