En una localidad cualquiera del México contemporáneo, olvidado y en la pobreza, el alcalde y su séquito de funcionarios corruptos buscan su propio beneficio. La tranquilidad del pueblo se ve afectada cuando corre el rumor de la presencia de un inspector de la capital y estos malos funcionarios temen que se les caiga el teatrito. … Leer más
En una localidad cualquiera del México contemporáneo, olvidado y en la pobreza, el alcalde y su séquito de funcionarios corruptos buscan su propio beneficio.
La tranquilidad del pueblo se ve afectada cuando corre el rumor de la presencia de un inspector de la capital y estos malos funcionarios temen que se les caiga el teatrito.
Esta anécdota forma parte de El rumor, obra que La Ciénega Teatro presentó en la Plazuela de García, dentro del Festival Internacional de Teatro de Calle Zacatecas 2014.
Pareciera una cinta de Luis Estrada, de esas sátiras como La Ley de Herodes, El Infierno o La Dictaduras Perfecta, por su argumento coloquial, cómico y hasta cínico.
Con unas máscaras gigantes, vestuario al puro estilo norteño y una escenografía creativa se dio rienda suelta a las peripecias que hace el alcalde con tal de que no descubran que es un corrupto.
La obra inicia con el típico discurso del presidente municipal triunfalista, que promete cambiar el rumbo del pueblo y lograr su desarrollo. Los lamebotas le rinden pleitesía.
El festejo se ve interrumpido por una pelea entre el secretario de Justicia y el de Salud, quienes ponen a prueba su poder para quedarse con la tajada más grande del pastel.
El rumor de la llegada del mentado inspector pone los pelos parados a todo el aparato de gobierno y se dan a la tarea de encontrarlo para evitar ser supervisados.
En el hostal del pueblo hay un personaje misterioso acompañado de su sirviente, al que todos confunden con el inspector, y se hace pasar por ese funcionario para saldar sus deudas de hospedaje y alimentación.
El alcalde ilusamente le realiza una bienvenida y le abre las puertas de su hogar, solo para descubrir que ese bribón lo engañó, ya que era un simple huésped que no tenía dinero para pagar sus deudas.
Imagen Zacatecas – Raúl Silva