?Con el amor brillando en sus rostros, Martha María Noyola Núñez y Gustavo Hernández Chávez celebraron su matrimonio en la Hacienda San Ramón con sus seres queridos como testigos. La boda religiosa se realizó en el Templo de Santo Domingo, donde los padres del novio, María Irene Chávez y Gustavo Eduardo Hernández, pusieron el lazo … Leer más
?Con el amor brillando en sus rostros, Martha María Noyola Núñez y Gustavo Hernández Chávez celebraron su matrimonio en la Hacienda San Ramón con sus seres queridos como testigos.
La boda religiosa se realizó en el Templo de Santo Domingo, donde los padres del novio, María Irene Chávez y Gustavo Eduardo Hernández, pusieron el lazo sobre los hombros de los enamorados
Las arras fueron entregadas por Sarahí Luna y David Varela y los anillos por Zahira Amalia de la Fuente y Mario Muñetones Galindo, quienes fueron escogidos por la pareja para que fueran sus padrinos en un momento tan especial.
Antes de que comenzara la celebración por la boda entre Martha y Gustavo, el juez del registro civil Rafael Pedroza Hornedo unió sus vidas legalmente acompañados en todo momento de Eduardo Noyola Ramírez y Elena Martha Núñez, padres de la novia.
En la entrada de la Hacienda San Ramón, los invitados pudieron observar como parte de la decoración un árbol con las fotos de boda de los padres de los recién casados colgando de las ramas y rodeando la imagen de los novios, además de la mantelería, que era rosas de tela dorada entrecruzadas.
Ya dentro de la fiesta, los asistentes disfrutaron de un menú compuesto por pechuga rellena, espagueti, verdura y gravy de chipotle, además de unos pasteles acomodados en forma de espiral para cada mesa, dándole el toque distintivo y original a la boda de Martha y Gustavo.
El grupo La Clase fue el encargado de amenizar el festejo con sus excelentes interpretaciones, con las que alegraron el ambiente para los recién casados y sus invitados.
Al día siguiente y para seguir de la celebración, los novios organizaron la tornaboda en San Cayetano, en la que fueron acompañados por sus seres más allegados.
Imagen Zacatecas – Alejandra García