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Prejuicio inoportuno

Prejuicio inoportuno

Huberto Meléndez Martínez

   |  30 junio, 2020

Huberto Meléndez Martínez.

Una considerable cantidad de madres y padres de familia están siempre dispuestos a estimular a sus hijos respecto a los aprendizajes cognitivos, pretendiendo un desempeño escolar sobresaliente al promedio del resto de sus compañeros. Su mayor ilusión es que sus vástagos sean el “Número uno” en la escuela. Quizá eso les motive a implementar acciones desesperadas.

Para que un alumno tenga éxito en sus estudios, necesita disponer de una disciplina generada desde el hogar, relativa a establecer prioridades en las acciones cotidianas. Primero las obligaciones y luego el descanso o esparcimiento; saber prestar atención, escuchar cuando se le habla y ordenar sus cosas personales, así aprenderá fácilmente a organizar sus útiles escolares o artículos propios, a ser respetuoso, atento, solidario, a disponer de hábitos higiénicos y alimenticios. Cierto es que la educación empieza en casa y se fortalece en la escuela.

Una mamá previsora buscó ayuda académica en un maestro de matemáticas, pidiendo asesoría profesional para su hijo. El docente tardaba en dar respuesta a la solicitud de una entrevista personalizada, hasta lograr persuadirle de realizar una conversación telefónica.

La intención era aprovechar las vacaciones de verano para iniciar en la adquisición de un ritmo de actividad, y estar en condiciones de comprender los contenidos de la asignatura desde el primer día.

Este tipo de apoyos generalmente los ocupan estudiantes con atraso académico en los niveles de secundaria o bachillerato, eventualmente en jóvenes que cursan la licenciatura.

Pretendiendo disponer de un diagnóstico, reconocer los temas o contenidos de la materia, inquisitiva preguntó sobre la problemática presentada por el futuro asesorado:

-¿Por qué necesita esa ayuda?

-A mi hijo no le funciona el pensamiento lógico/matemático- respondió con prontitud.

La expresión inquietó al docente y comenzó a formarse juicios sin fundamento.

-¿Qué problema advierte en su hijo?

-Pues insiste en contar de una forma extraña-.

Quizá arrepentido del rumbo de la conversación, el profesor se animó a hacer una pregunta que debió exponer desde el principio.

-¿A qué semestre o año escolar va a inscribir a su hijo?-.

-En agosto próximo entrará al kinder- fue la respuesta inesperada.

Pretendiendo serenidad, ocultó los desafortunados pensamientos que generaba la conversación y continuó cuestionando:

-¿Y por qué cree usted que su niño tiene problemas de comprensión en las matemáticas?-.

-Cuenta bien, pero no puede aprender correctamente las cantidades. Después del diez dice “diez y uno, diez y dos, diez y tres…”, en lugar de “once, doce, trece…”-, el maestro cortó la exposición.

-No se preocupe señora, a su pequeño le funciona perfectamente su razonamiento lógico/matemático. Está en las condiciones adecuadas para empezar a asistir a la escuela sin problemas de asimilación en los contenidos- dijo.

-Los esquemas de los niños se van formando conforme a su edad y los aprendizajes estructurales toman forma con la capacidad de asociación de los avances escolares. Somos los adultos quienes absurdamente cambiamos los nombres a las cosas- finalizó.

*Director de Educación Básica Federalizada

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