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Mi delito… Darle permiso

Los jóvenes están ávidos de experiencias y no pierden oportunidad de asistir a fiestas, bailes y salir con sus amigos; desgraciadamente, muchos de ellos no controlan su ingesta de bebidas alcohólicas y tampoco controlan su temperamento dejándose llevar por las emociones violentas.

Ivonne Nava García

   |  12 enero, 2020

Mi delito… Darle permiso

Los jóvenes están ávidos de experiencias y no pierden oportunidad de asistir a fiestas, bailes y salir con sus amigos; desgraciadamente, muchos de ellos no controlan su ingesta de bebidas alcohólicas y tampoco controlan su temperamento dejándose llevar por las emociones violentas.

Una madre pierde a su hijo adolescente: él fue víctima de un golpe brutal en su cabeza que terminó con su existencia y varios jóvenes fueron sometidos a procesos penales y privados de su libertad.

Muy amiguero

¿Qué le puedo decir? Me dejaron sin hijo, me lo mataron.  Yo cómo me iba a imaginar que ese día en la tarde sería la última vez que lo vería con vida. Me dijo que iban a ir varios de ahí del rancho a otra comunidad a un baile de quinceañera. Así se estila, que se van todos en bola y se regresan ya entradilla la noche y una como madre se queda con el “Jesús en la boca”, nada más rezando para que regresen bien.

Mi hijo nos ayudaba en la labor. Era muy bueno para cuidar los animales y diario hacía sus faenas con la engorda; tenía poquillo tiempo que se había robado a la novia y estábamos viendo lo de la boda para septiembre.

Buen hijo

Antes de esta muchacha tenía otra novia que lo dejó para irse al norte. De ahí nos fijamos que agarró por emborracharse cada fin de semana. Se iban que al rebote o a jugar vóleibol y de ahí a las caguamas. Cuando mi hijo se iba yo me quedaba a esperarlo hasta que llegaba para darle de cenar. Un día me dijo que no lo esperara que para que no me desvelara por su culpa. “Nunca debí agarrarle la palabra”. Si lo hubiera esperado me hubiera fijado como venía mi hijo y a lo mejor se hubiera salvado; pero como dicen, eso no existe y fue la voluntad de mi padre Dios. Yo solo digo que por qué así: lo mataron cobardemente y me lo mandaron a la casa ya muriéndose.

 

Lo que sucedió

Eran como las 7:00 de la tarde aaproximadamente. Nos juntamos ese día cinco y mi amigo el que se murió. Salimos de ahí del rancho para Nueva Pastoría, nos fuimos en la troca de un camarada. Estuvimos bailando con las muchachas y nos tomamos unas cervezas. Nos estuvimos hasta como las 12 de la noche. Cuando ya nos íbamos para el rancho, justo donde comienza la carretera que conduce a la comunidad, se nos acercaron cuatro camionetas. De ahí se bajaron 2 hombres y se dirigieron con el dueño de la camioneta, diciéndole que se bajara. En eso nos aventaron un bote de cerveza y nos bajamos de la troca. Ahí me fije que las otras camionetas no se habían retirado. De ahí vimos que se bajaron como 15 personas y ahí se armó la bronca porque se nos dejaron ir.

Nos empezamos a golpear a guantadas y patadas. Yo ví cómo uno estaba peleando con mi amigo y luego llegó otro que fue el que le tiró el golpe a la cara y lo tumbó y luego vi cómo entre los dos lo agarraron a patadas.

Yo no podía hacer nada porque también me estaba lidiando a golpes con los otros.  También dijeron ya en la bola que otro de los del pleito jaló a mi amigo por la espalda y que lo tumbó pero yo no me fijé. Lo agarraron a patadas y ahí lo dejaron. Todos nos subimos en la troca menos mi amigo y también los otros se fueron en sus camionetas. Nosotros nos bajamos para ayudarlo a levantarse y a que se subiera. Yo no’más le vi un ojo golpeado porque tenía a simple vista un golpe en su ojo derecho y se quejaba de mucho dolor. Le dijimos que si lo llevábamos a un doctor, pero el no quiso. De ahí nos fuimos a cenar pero mi amigo ya andaba desganadillo y no quiso cenar, solo se tomó un jugo. Ya de ahí nos fuimos para el rancho y lo dejamos en su casa. Él se bajó por su propio pie y nos despedimos, el día siguiente nos enteramos de que había fallecido. Estábamos en el vóleibol cuando empezaron a decir que mi amigo había fallecido y de ahí a ver quiénes andaban en el pleito. Así salió quienes fueron los dos que lo habían golpeado. Para cuando se enteraron, luego luego se escondieron. Sabe, si se fueron del rancho o qué. Pero no los encontraban hasta que la policía los andaba buscando. A todos nos mandaron citar con el Ministerio Público y como todos dijimos cosas que sí coincidían fue como se supo bien quién lo mató.

Graves lesiones

Ya para amanecer nos dimos cuenta de que ya estaba muerto. No nos dimos cuenta de cómo llegó. Se acostó en su cama y amaneció tendido; nos dijeron que tenía un traumatismo craneoencefálico y que se le había sumido el hueso de la sien. Nos dijo el doctor que lo vio que aunque se lo hubieran llevado al hospital no habría sobrevivido. Le lesionaron muy gravemente su cabeza y no sabemos ni cómo llegó consciente a la casa. Me arrepiento tanto de haberlo dejado ir. Uno qué va a saber qué va a pasar. Todo esto fue por un pleito que ni era con mi hijo. Él por meterse y eso le pudo pasar no nada más a mi hijo si no a los otros también. Era el más joven de los que andaban.

Consecuencias en la familia por un homicidio

El delito sea cual fuere quiebra la vida de una familia antes y después del hecho violento, pero esa fractura existencial constituye una situación inimaginable en los casos de homicidios. Todos los miembros de la familia sufrirán graves consecuencias.

La muerte de un miembro de la familia provocará cambios en la historia, estructura y en las relaciones familiares. Existe sentimiento de inseguridad, temor a nuevas pérdidas, miedo a vivenciar situaciones de violencia. La familia queda disociada en su interacción social en forma definitiva. El delito ha conmovido las raíces del núcleo familiar, así como los principios de afecto, seguridad, protección y educación.

Las consecuencias delictivas son altamente impactantes y desencadenan en la familia trastornos de diversa gravedad que se extiende a varias generaciones.

La pérdida de un familiar por una conducta de homicidio los obliga a elaborar un duelo sin una razón lógica-natural de la vida, porque la víctima ha perdido la vida por un hecho realizado intencionalmente.

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