
Foto: Claudio Montes de Oca.
El dolor de las madres buscadoras en México sigue latente. Una de ellas, Verónica Esparza, cuyo hijo desapareció, clama justicia y respuestas. Enfrentando indiferencia y peligro, su lucha simboliza la resistencia de quienes buscan a sus seres queridos en un país marcado por la crisis de desapariciones.
ZACATECAS.- El dolor de las madres buscadoras en México sigue latente. Una de ellas, Verónica Esparza, cuyo hijo desapareció, clama justicia y respuestas. Enfrentando indiferencia y peligro, su lucha simboliza la resistencia de quienes buscan a sus seres queridos en un país marcado por la crisis de desapariciones.
Desde el día en que su hijo desapareció, su vida cambió por completo. Las autoridades, lejos de brindarle apoyo, han mostrado negligencia e inacción. Ante la falta de respuestas, se unió a un colectivo de madres buscadoras, mujeres que, con sus propias manos, cavan la tierra con la esperanza de hallar indicios de sus hijos.
En su incansable búsqueda, ha enfrentado amenazas y obstáculos. La violencia en México no sólo arrebata vidas, sino que también silencia a quienes exigen justicia. Sin embargo, el miedo no la detiene. Su único propósito es encontrar a su hijo y llevarlo de vuelta a casa.
Las madres buscadoras han denunciado en repetidas ocasiones la complicidad de las autoridades con el crimen organizado. Sus protestas y marchas buscan visibilizar la crisis humanitaria que representa la desaparición forzada en el país.
A pesar del dolor, la esperanza sigue viva. Cada nombre, cada fotografía de un desaparecido es un recordatorio de que la búsqueda no se detendrá. Las madres buscadoras seguirán exigiendo justicia y verdad hasta que el último de sus hijos regrese a casa.