Puerta y puerto - Imagen Zacatecas

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Puerta y puerto

Puerta y puerto

Sigifredo Noriega

   |  6 mayo, 2020

Sigifredo Noriega Barceló.

Los días de confinamiento vividos estrictamente en casa me han ayudado a meditar en los detalles de la casa, la vida y la vocación. Últimamente han sido las puertas las que han ocupado mi atención: su necesidad y ubicación; las que dan a la calle o al interior; las que faltan y las que sobran. ¿Qué pasaría si no hubiera puertas? ¿Si fueran más altas/bajas, anchas/angostas, de mezquite/aluminio? ¿Quién las pensó/ diseñó/fabricó? Alguien ideó e hizo las puertas… pero no son la puerta.

En la experiencia de cada día conocemos gente que busca entrar por la ‘puerta grande’, la ‘puerta falsa’, la ‘puerta negra’.

Hay personas que te dan con la ‘puerta’ en las narices y otras, que eligen entrar ‘por la puerta trasera’… Abrir la puerta, entrar por la puerta, salir por la puerta son expresiones ricas en simbolismos. Abrir la puerta de casa y dejar entrar a alguien es un gesto de confianza, cercanía, intimidad, voluntad, audacia, afecto, comunicación…

“Yo soy la puerta de las ovejas…” nos dice Jesús, el Señor. Se dirige a quienes quieran escucharlo y tienen necesidad de alivio, consuelo, libertad, fortaleza, orientación y sentido… en tiempos de calma o de tempestad. Sabemos que la puerta puede ser signo de libertad para entrar y salir; para salir al encuentro del hermano y/o permitirle entrar; para salir a construir calles, avenidas, puentes por donde transiten las personas; para tejer relaciones fraternas, solidarias, pacíficas… En otras palabras, la puerta significa que la posibilidad de elegir amar para vivir con dignidad está en casa, en nuestra habitación interior.

El cuarto domingo de Pascua Jesús se define como la puerta de las ovejas. “Yo les aseguro que…” es la garantía de que solamente Él llena/cumple todas las especificaciones para ser puerta y puerto de salvación para el más acá y el más allá. Él es la única puerta de acceso al Padre, a la vida eterna, a una vida con sentido con la garantía de la bienaventuranza. La llave es la fe en Él, fe humilde e incondicional, fe que se prueba en la verdad del amor. Si el Señor Jesús es la puerta de salvación, nosotros -Iglesia peregrina en este siglo- estamos llamados a ser anunciadores, celebradores y testigos de la Buena Nueva. “La Iglesia no es una aduana –dice el Papa Francisco-, es la casa paterna/materna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. Jesucristo es la Puerta, no nosotros. Caer en la tentación de hacernos dueños de la puerta y de las llaves (sólo Pedro) puede ser funesto para la salvación de muchos. No tenemos por qué cerrar la puerta a nadie. Nuestra misión es acompañar, ayudar, escuchar, facilitar, compadecer… a quien toca a la puerta.

Muchas comunidades cristianas promueven las vocaciones este domingo. La Iglesia necesita servidores actualizados en marcos, bisagras, candados, llaves, colores, materiales… capaces de abrir puertas. La invitación es para todos. Hay gente herida por el virus y mucha más lastimada por la indiferencia egoísta. ¿Te animas?

Saludos y bendiciones a quienes trabajan en la construcción.

Con la bendición pascual y mi afecto de discípulo pastor.

 *Obispo de Zacatecas

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