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Si no podemos ayudar a los demás, al menos no les hagamos daño

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Gerardo Luna Tumoine.

En días pasados se llevo a cabo la cumbre internacional de la libertad religiosa y es oportuno decir que todos los seres humanos a diferencia de los animales y los seres vivos como las plantas, tenemos una inteligencia muy aguda, que nos ayuda a tener la capacidad de prever el futuro a largo plazo y debido a ello se fueron desarrollando las distintas tradiciones religiosas a través de la historia.

La libertad religiosa es en cierto modo, libertad de pensamiento, todas las tradiciones religiosas tienen filosofías diferentes, y métodos distintos, pero todas difunden el mismo objetivo; el mensaje del amor, del perdón, de la felicidad, la autodisciplina y la espiritualidad. Éstos valores son muy importantes incluso para los no creyentes, buscar la felicidad, la autodisciplina e ir más allá y ayudar a los demás, aceptarlos y servirlos como uno mismo.

Todas las tradiciones religiosas predican la compasión, y nos piden que respetemos a los demás para ocuparnos por el bienestar. Todas las creencias tienen un aspecto filosófico como método de enseñanza.

Por ejemplo, las religiones de teístas creen en un Dios creador, las religiones no teístas como el budismo utilizan razonamientos distintos pero el mensaje de todas ellas es el mismo que debemos ser amables, honestos y auténticos.

En estos tiempos modernos podemos distinguir entre las creencias religiosas y la práctica de la esencia de la religión que es la honestidad y la espiritualidad. Incluso las personas que no son creyentes necesitan honestidad y buscar la verdad, todos somos iguales, debemos vernos como una sola comunidad, ayudarnos y respetarnos entre nosotros.

Hoy en día, en nuestro mundo materialmente avanzado, en el que gran parte del pensamiento está guiado por la ciencia y tanto desarrollo tecnológico, podemos preguntarnos cómo es de relevante la religión. La respuesta es que, por mucho desarrollo material que tengamos, por sí solo no nos aporta paz mental. El desarrollo material es necesario, pero también necesitamos paz mental. La paz interior no la producen las máquinas, ni es el resultado de una inyección u otra intervención médica. Para lograr la paz mental necesitamos entrenar la mente. Necesitamos entender qué es lo que perturba nuestra mente y cómo se pueden contrarrestar esas perturbaciones.

En la actualidad hay muchas tradiciones religiosas en el mundo y entre sus seguidores muchos buscan la paz mental rezando a Dios. Otro enfoque, fomentado en la antigua India, consiste en llegar a comprender el funcionamiento de nuestra mente y nuestras emociones. Un método racional para contrarrestar los factores que, arraigados en nuestra actitud egoísta, perturban nuestra paz mental. Las antiguas prácticas de compasión y de no violencia tienen que ver con la mente. No se limitan a la conducta física.

Hacemos daño a los demás porque nuestra mente es indisciplinada, y una mente disciplinada es una mente espiritualmente feliz.

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