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24 de octubre

24 de octubre
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Opinión.

La mano es una prolongación del cerebro humano y en mucho ha contribuido para su desarrollo y evolución. Para los seres humanos, la mano es el tesoro más grande después del cerebro, es, a su vez, un órgano de expresión y un órgano especial de los sentidos que nos permite reconocer los objetos mediante el tacto.

Las ideas están fuertemente vinculadas a las acciones y sensaciones de las manos, no solo en actividades fundamentales como protección, comida o placer sino en acciones creativas como construir, modelar o dibujar.

Cuando el Homo Sapiens desarrolló una postura bípeda, las manos dejaron de ser utilizadas para caminar y la evolución les permitió realizar acciones más diversas y variadas; este significativo hecho permite postular una teoría científica que afirma que el cerebro humano se desarrolló gracias a las actividades de las manos de nuestros antepasados durante la Prehistoria.

Cuando nuestra evolución se olvidó de utilizar cuatro extremidades para caminar, las manos fueron libres y fue posible que, a lo largo de muchos años, adquirieran mayor destreza y habilidad, además de que la adquisición de esta mayor flexibilidad fue transmitida por herencia y se desarrolló de generación en generación.

El tamaño del cerebro humano y su complejidad se deben en gran parte a la actividad desarrollada por las manos de nuestros antepasados durante la Prehistoria, además de que el dedo pulgar tuvo un importante papel, ya que les permitió sujetar objetos con facilidad y fabricar herramientas complejas, con ello se estimuló la creación de múltiples y variadas interconexiones nerviosas.

La extraordinaria anatomía de la mano: solo el pulgar está controlado por nueve músculos diferentes, la mano y el antebrazo están unidos por la muñeca que a su vez está conformada por un conjunto de huesos y ligamentos entrelazados por vasos sanguíneos y nervios; muchas terminaciones nerviosas llegan hasta la punta de cada dedo.

Las manos se han convertido en el punto de encuentro entre nuestra mente y el mundo real. La inagotable creatividad de nuestro cerebro es una característica que hace única a nuestra especie, pero sin las manos las grandes ideas que pudiéramos generar no dejarían de ser más que una lista de buenas intenciones. La interacción entre la mano y el cerebro fue determinante para nuestra evolución.

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