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Sin oposición no hay equilibrio

Sin oposición no hay equilibrio

Jóse Luis Guardado tiscareño

   |  8 octubre, 2020

José Luis Guardado Tiscareño.

Esta semana apareció en el periódico el financiero los resultados de la aprobación que durante el mes de septiembre alcanzó el Presidente Andrés Manuel López Obrador, 62% de los encuestados manifestaron estar de acuerdo en el trabajo desempeñado mientras que solo 36% dijo estar en contra; incluso algunas semanas más atrás algunos medios daban cuenta de que si hoy volvieran a ser las elecciones a la presidencia el actual presidente alcanzaría un mayor nivel de votantes.

 

La legitimidad del presidente es algo que ha venido construyéndose desde hace varios años, con un discurso que ha logrado cautivar a una sociedad desencantada por la clase política, pues este se ha autocalificado como diferente y hasta contrario a toda la representación de los gobernantes del pasado.

 

Hay un principio que presupone el costo político de gobernar, difícilmente los gobernantes logran mantener y aún más difícil aumentar en popularidad, pues las acciones que se emprenden, cualquiera que sean, acaban por desproteger a uno y otro sector de la sociedad.

 

Si a eso le sumamos los diferentes contextos que coyunturalmente nos ha traído el 2020, supondríamos que fuera obvio que la aceptación del presidente sufriera algunas perdidas; con una pandemia manejada por las contradicciones y el desdén gubernamental, con una crisis económica que ha llevado al desempleo a millones de mexicanos, un ambiente de inseguridad y violencia que sigue sin ser resuelta y una confrontación abierta con sus opositores políticos pero también al interior de su propio partido, se vuelven elementos que pudieran actuar en contra del Presidente.

 

Los partidos opositores, principalmente el PAN y el PRI siguen desarticulados, incapaces de recuperarse del golpe electoral que sufrieron en 2018, movimientos sociales como FRENA, que sin propuestas concretas, sin discursos coherentes y sin la presencia de un líder que represente de manera legitima las inconformidades, no hacen más que ridiculizar las posibles pretensiones opositoras.

 

Con la aparición y erráticas acciones que han emprendido el Frente Nacional Anti AMLO se puede entender de buena manera el casi nulo costo e impacto que afronta hoy el presidente. La ausencia de una verdadera y seria oposición, de agentes que promuevan el equilibrio del poder y el todavía hastío dominante del gobernantes del pasado, llevan a que el ciudadano no tenga más opciones que seguir esperanzado a un cambio prometido por el actual régimen, es tal la ineficiente oposición que no han logrado aglutinar el descontento que en realidad existe entre la sociedad, como en su momento si lo logró hacer el actual presidente.

 

Esta situación no nos permite más que seguir abonando a un ya lamentable escenario de mayor polarización entre la sociedad, pero sin consecuencias para el actual gobierno; y el debate social solo se resume a simpatizantes y detractores de la 4T sin mediación alguna. Los que están a favor requieren de una fe ciega, mientras que los que están en contra ni si quiera pueden canalizar un descontento tanto del pasado como del presente sin ser juzgados como prianistas y conservadores.

 

Hay que tener cuidado, pues la democracia no se construye desde los extremos ni desde las totalidades, de hecho gobernar así es hasta peligroso, pues la polarización y los desacuerdos pueden acabar en posiciones radicales que solo atentan contra la misma sociedad. Se requiere de instituciones fuertes, organizaciones sociales y partidos políticos eficientes y realmente representativos que contribuyan a los equilibrios y fortalezcan la formación y la participación ciudadana.

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