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Ideas progresistas

Ideas progresistas

Jóse Luis Guardado tiscareño

   |  22 octubre, 2020

José Luis Guardado Tiscareño.

Nuestro país esta polarizado entre posturas de supuesta izquierda y derecha, entre supuestos conservadores y liberales, entre supuestos imperialistas neoliberales y puritanos republicanos, el debate de las ideas pareciera ubicarse en pleno Siglo XIX, esa época que tanto rememora y anhela nuestro actual presidente. La realidad es que cercanos al primer cuarto del siglo XXI las ideas, las formas y las posturas para abordar nuestra realidad son más fáciles de ubicarlas entre retrogradas que aspiran a los valores y las circunstancias del pasado y los progresistas que miran el porvenir afrontando y no negando las verdades de nuestra actualidad.

 

Es necesario señalar que dicha la polarización, desafortunadamente, no se debe a un debate de ideas ni posturas, si no que se ha centrado en la simpatía o rechazo a un personaje, al que si no se le rinde culto simplemente se le reprueba. Situación (reitero) sumamente peligrosa.

 

En este escenario, el día de ayer se viralizó una noticia que daba a conocer la postura del Papa Francisco, sobre las parejas homosexuales y como se reconocían, al menos por palabras del máximo jerarca de la iglesia católica, como hijos de Dios y como acreedores a derechos civiles que les garanticen igualdad de oportunidades y derechos.

 

Estas palabras cobran suma importancia en un contexto donde muchas veces se confunde y se mezcla los derechos humanos, civiles y las atribuciones del Estado con las ideas y posturas morales de una religión y de muchos de sus representantes. En la postura del Papa, se alcanza a reconocer como los prejuicios morales y las interpretaciones de ciertas doctrinas acaban por limitar y excluir los principios de igualdad y libertad que deberían de ser los preceptos de las relaciones de los individuos dentro de cualquier sociedad; al mismo tiempo, reconoce que es en el ámbito civil y no en el religioso donde se otorgan estos derechos, sin que ello implique alguna contradicción.

 

En buena parte de los países desarrollados y verdaderamente progresistas y democráticos este supuesto conflicto ha quedado resuelto desde hace muchos años, sin embargo, en México pareciera que seguimos muy lejos de lograr la ampliación y la garantía de igualdad en los derechos de todos los individuos sin distinción de sus preferencias sexuales, sus creencias, su origen étnico o su nivel socioeconómico, incluso la diferenciación de derechos entre hombres y mujeres siguen presentes en nuestras leyes.

 

La importancia de que el Papa se haya pronunciado en este sentido, reside en la posibilidad de poder erradicar los juicios de valor y prejuicios morales e ideológicos como argumentos legalmente validos para limitar y excluir a algunas personas de los derechos que otros gozan, como lo es la unión entre personas del mismo sexo, tal y como ocurre de facto en nuestro país.

 

Organizaciones y personajes que han fomentado el odio, la marginación y la exclusión a las personas homosexuales a partir de argumentos religiosos hoy se enfrentan ante el reto de tener que reconsiderar su discurso, limitándolo a ideas meramente individuales o colectivas que, por el hecho de no estar de acuerdo, no es suficientes para no otorgar y acceder a los mismos derechos que todos en teoría deberíamos de tener.

 

Es cierto, las palabras o las posturas que públicamente pueden darse no son suficientes para cambiar la realidad ni garantizar que en automático se otorguen y garanticen determinados derechos; seguirá siendo necesaria la presión social, pero sobretodo que nuestros legisladores, jueces e instituciones reconozcan sus atribuciones y correspondan a las se adapten a las nuevas realidades tanto actuales como futuras.

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