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A dos años…

A dos años…

Jóse Luis Guardado tiscareño

   |  2 julio, 2020

José Luis Guardado Tiscareño.

Ayer se cumplieron 2 años de la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador, un triunfo que lo llevó a la presidencia de la República luego de dos intentos previos donde fue derrotado. Prácticamente desde el día siguiente se empezaron a tomar decisiones de carácter ejecutivo; el diagnostico que tenían del país era catastrófico (en parte muchos coincidíamos con esa idea), por ende urgía gobernar de inmediato para poder emprender la mayor promesa electoral: la cuarta transformación política e histórica de nuestro país.

Hace 2 años se celebraba la madurez democrática que había alcanzado nuestro país, se suponía que las derrotas anteriores se debían a una debilidad institucional, de la pobre cultura democrática y el régimen autoritario que preexistía hasta ese momento.

El 1 de julio de 2018 todo eso había quedado superado, se reconoció los resultados y la labor del INE, la madurez política junto con los contundentes resultados que lograron MORENA y sus aliados. No dejaron lugar a ningún cuestionamiento que pusiera en duda el triunfo, la legalidad y legitimidad del nuevo presidente.

Ya en el ejercicio pleno del poder ha olvidado la fortaleza institucional y el marco legal que hoy le permite gobernar constitucional y legítimamente, ahora, desde esa investidura, se ha emprendido una campaña de desprestigio y desacreditación al órgano y autoridad electoral que lo declaró presidente electo. Se ha optado por cuestionar el fin y funcionamiento del INE como organizador y vigilante de los procesos electorales del país, así como a muchas otras instituciones que fortalecen al Estado Mexicano.

Para muchos de nosotros, fue inevitable recordar aquella frase que se esgrimió en medio de la frustración electoral y la presunción de un fraude en 2006: “al diablo con sus instituciones”. En aquella ocasión de nada le sirvió autoproclamarse como presidente legitimo del México, pues a pesar de todo, la vida en nuestro país descansa en el Estado de Derecho y su marco normativo, no en los caprichos personales.

Hoy para suponernos un país, una sociedad y un gobierno democrático es necesario seguir apostando al fortalecimiento y respeto de las leyes e instituciones del Estado y no en la idolatría de los individuos. Las altas expectativas políticas y la idea de transformar el país, teniendo de por medio el destierro de la injustica, la impunidad y la corrupción, persisten en el sentir de millones de mexicanos, muchas promesas que parecían depender de la voluntad e ideología de los gobernantes siguen pendientes de que se vuelvan realidad.

La pobreza, desigualdad, inseguridad, violencia, injusticia y la falta de oportunidades dignas en salud, educación y empleo siguen pendientes. La justificación para tal incumplimiento es que 2 años son pocos para cambiar un sistema tan podrido como el mexicano, a pesar que en su momento se prometiera que todo sería posible, pues todo dependía de una persona, la misma persona que hoy es nuestro presidente.

Muchas veces hemos hablado de la actitud intolerante, conservadora y autoritaria de un presidente que se ha vuelto famoso y querido por autonombrarse todo lo contrario, por lo que hoy es necesario aclarar que no se trata de estar a favor o en contra, no se trata de querer a los gobiernos pasados, ni muchos menos de odiar al actual; se trata de ejercer las libertades y derechos que nos permite un Estado moderno y democrático.

Hoy es necesario respetar, tolerar y permitir la libre expresión, la critica, incluso la disidencia y hasta la oposición, pues pareciera que nuevamente todo ello vuelve a incomodar a un régimen que se considera perfecto e incuestionable.

*joshguardado@gmail.com

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