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Conocimiento empírico efectivo

Conocimiento empírico efectivo

Huberto Meléndez Martínez

   |  23 febrero, 2021

Huberto Meléndez Martínez.

A la memoria de mi papá Juan, con veneración y respeto.

Las personas de la caseta telefónica escucharon sorprendidos el dato y la carcajada de respuesta. Un peón informaba al patrón que había localizado una fuente de agua, a una profundidad de un metro, evento difícilmente creíble porque en esa ranchería desértica se habían hecho múltiples excavaciones para localizar corrientes subterráneas.

Días antes, el trabajador aceptó cavar una noria. Arreglado el pago por metro cúbico, resuelto el lugar donde pernoctar, la disponibilidad de las herramientas y un muchacho como ayudante, trabajaba con ahínco, aunque a él no le gustaba el sitio seleccionado por el dueño.

Tenía experiencia en la geología por haber sido minero durante muchos años; alternó esa ocupación con la agricultura y viviendo en el medio rural, estaba relacionado con el conocimiento de la flora y fauna de la región.

Su gusto por la lectura, la disposición por aprender, meditaba frecuentemente sobre los fenómenos naturales como ciclos de lluvia, presencia de heladas, sequías, orientación de los vientos, las fases de la luna, etc. Teniendo la cualidad natural por curiosear sobre el funcionamiento de las cosas, buscó relacionarse con personas que utilizaban diversas estrategias y dispositivos para detectar pequeñas corrientes de agua bajo la superficie: uso de varas de ciertas plantas como la gobernadora y el estoraque, trozos de alambre de hierro y cobre; pedazos de maguey colocadas en forma de cruz con la cavidad hacia abajo, cubiertas con una capa de tierra encima y ver si después de veinticuatro horas aparecen gotas de agua condensados en la cavidad.

Aprendió que el mezquite logra sobrevivir porque tiene raíces que toman humedad hasta cuarenta metros de profundidad, al igual que un arbusto espinoso que llaman junco marino; analizaba la disposición de la roca y sus fracturas, además de las diversas capas porosas e impermeables de la tierra, la pendiente de lomas, cerros y proximidad de montañas.

Una de sus experiencias sensoriales era caminar por determinada área a explorar, en noches sin viento, particularmente en la estación invernal, porque adquirió sensibilidad para percibir en su cuerpo los cambios de temperatura de los sitios donde fluye un poco de vapor.

Ponía atención especial en reconocer si había pozos, manantiales, humedales o riachuelos cercanos al lugar de exploración.

Aquella ocasión, mientras el ayudante escarbaba en la profundidad, decidió indagar por el entorno en busca de alguna señal favorable a su trabajo, la encontró: pudo detectar las huellas de un coyote en una vereda polvorienta, dada la escasez de lluvia. Advirtió las pisadas del animal en un solo sentido y eso le hizo entrar en sospecha.

Siguió esa dirección y a menos de cien pasos vio un pequeño barranco donde reposaba una percha de mariposas y unos cuantos escarabajos diminutos. Dedujo que el animal abrevaba en ese sitio por la noche, cuando el clima disminuye la evaporación. Pico y pala en mano descubrió el manantial.

El conocimiento empírico históricamente se refinó hacia el conocimiento científico.

*Director de Educación Básica Federalizada

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