Democracia, lo menos peor

Simitrio Quezada.
Simitrio Quezada.

Nuestra naturaleza humana, cuyos extremos tocan lo más excelso y lo más abyecto, no posibilita que algún día tengamos un buen sistema de mando y administración públicos.

“La democracia es el peor sistema de gobierno, con excepción de todos los demás que se han inventado”, escribió Winston Churchill. Desde siglos antes, Platón también había mostrado desdén a esa forma de autoridad que en la contemporaneidad ha quedado como, de hecho, recurso mínimo necesario en el ámbito del poder.

Nuestra naturaleza humana, cuyos extremos tocan lo más excelso y lo más abyecto, no posibilita que algún día tengamos un buen sistema de mando y administración públicos. Por más idealismo que alberguemos, jamás llegaremos a lograr una sociedad perfecta, por la misma razón por la que nunca llegará a aparecer sobre la tierra el humano perfecto.

Ante todo, debemos considerar que en la democracia nunca se da gusto a todos, nunca quedan conformes todos.

En un sistema democrático hay siempre decisiones sobre al menos dos proyectos colectivos. Tras la elección, los triunfantes quedan como oficialistas y los restantes, si quieren, como opositores.

Hay más que exponer en torno a este sistema. Como cualquiera, tiene sus inevitables bemoles y sostenidos en ambos bandos de la población: hay manipuladores y achichincles, incitadores y golpeadores, conspiradores y caudillos, encantadores y aplaudidores.

En el sainete de la democracia también figuran los magnates y subsidiarios, los asesores y actores, los reventadores y gestores, los auténticos y simuladores, los formadores y trinqueteros, los filósofos y sofistas, los ingenuos y sinvergüenzas.

En efecto, la democracia es lo que nos queda como lo menos peor. Las otras opciones son las dictaduras, las monarquías… cualquier forma de régimen totalitario, donde no hay contrapesos al poder ejecutivo ni opciones para refrescar ni renovar la autoridad común.

Las libertades nos permiten avanzar. No puede florecer la diversidad donde no se promueve el respeto. La tolerancia es piedra de toque para la fortaleza de las sociedades. Cuidemos lo menos peor, en aras de que nosotros y las generaciones que nos sucedan caigan en caos o sometimiento absoluto.

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