Los niños, las vacunas y la epidemia

‎Durante la pandemia de covid-19, los gobiernos obligaron a los niños a que hicieran enormes sacrificios. Y aunque el coronavirus le quitó algo a todo el mundo, los sacrificios han sido particularmente duros para los niños.


Antonio Sánchez González.

‎Durante la pandemia de covid-19, los gobiernos obligaron a los niños a que hicieran enormes sacrificios. Y aunque el coronavirus le quitó algo a todo el mundo, los sacrificios han sido particularmente duros para los niños. A medida que la magnitud de lo que les pedimos que cedieran se vuelve más clara, es hora de preguntarse: ¿Qué les debe el mundo y nuestro país a los niños por todo lo que renunciaron y lo que tendrán que cargar como secuelas para el futuro?‎

‎Comencemos con la escuela. Se decidió mantener a los estudiantes aprendiendo de forma remota durante semanas o meses. Estas políticas fueron motivadas por una mezcla de cautela y política. Pero los investigadores ahora están cuantificando el impacto de la educación remota, y los resultados son devastadores.‎

‎Los estudiantes de las escuelas de zonas de alta marginación pasaron el 75% del tiempo escolar en 2020-2021 aprendiendo a distancia‎, mientras que en algunas zonas del país en la que habitan quienes tienen ingresos más altos los estudiantes regresaron a las escuelas que reabrieron con rapidez y pasaron solamente el 25% del año escolar estudiando a través de una pantalla. ‎El impacto en los estudiantes que se mantuvieron fuera del aula por más tiempo es catastrófico. Los estudiantes en distritos de alta pobreza perdieron el equivalente a más del 40 por ciento del valor de un año de aprendizaje, mientras que los estudiantes en las zonas más ricas del país perdieron el equivalente al 25 por ciento.‎ ‎Y eso es para los niños que se quedaron en la escuela y pudieron ser evaluados, porque en algunas zonas del país ‎hasta el 30% de ellos no se inscribieron en ‎‎ninguna‎‎ forma de escuela en el mismo año escolar.‎‎ ‎Las implicaciones de las escuelas cerradas van mucho más allá de la educación.‎

‎A medida que los padres evitaron los consultorios médicos y las inscripciones escolares disminuyeron, menos niños recibieron vacunas‎ contra otras enfermedades, como el sarampión. Hay mucho que todavía no sabemos sobre el covid-19 y sus resultados a largo plazo. Pero en el proceso de proteger a los niños y sus familias del coronavirus, claramente los sometimos a otros riesgos sanitarios.‎

‎La investigación sobre el impacto de la pandemia en el desarrollo y el comportamiento de los niños pequeños apenas empieza, pero los primeros informes sugieren que estos niños tardan más en caminar y hablar, son más propensos a portarse mal y batallan para socializar con sus compañeros.‎ Y esto es solo un recuento del impacto más fácil de medir porque todavía no sabemos si, como algunos piensan, las secuelas se traducirán en que las familias pobres se sumerjan aún peor en la más profunda pobreza.

Lamentablemente, algunos niños nunca recibirán la compensación adecuada. Los estudiantes que se graduaron de la escuela secundaria durante la pandemia no podrán remediar esas semanas perdidas. Los niños pequeños que podrían haber sido evaluados por retrasos en el desarrollo y el habla han perdido una ventana crucial e irrecuperable para su educación temprana.‎ Nuestro país está tomando medidas que no consideran estas desventajas, no tratan de aplicar medidas paliativas -como, por ejemplo, capacitación al respecto para los maestros y tiempo extra para los escolares- y, al contrario, ha elegido que todos los estudiantes pasen de grado, aunque claramente no estén aptos para ello.

‎Luego están las pérdidas más desgarradoras: diversas instituciones han calculado que, al momento de escribir este artículo, más de 200 mil niños y jóvenes mexicanos han perdido a uno o ambos padres por Covid-19.

‎Teniendo en cuenta lo que hemos obligado a los niños que soporten, la sociedad, todos, tenemos la obligación de ser ambiciosos en su nombre.‎

‎Los niños han sufrido enormemente y, en muchos sentidos, de manera desproporcionada, y no es correcto decir nada más, está bien, vacúnense y volvamos a la normalidad.‎

*Médico