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Cartas desde el exilio
Unidad ilusoria
Miguel G. Ochoa Santos 12-02-2017 19:25 hrs

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Liga Corta




Las políticas hostiles de la actual administración estadounidense llegan en mal momento. La economía está sostenida con alfileres: la deuda pública que apenas unos años atrás Luis Videgaray consideraba aceptable es ahora peligrosa. El gasolinazo representa un juego demoníaco, en el que la manipulación política de los precios es una herramienta para sacar más dinero de los bolsillos ciudadanos, una vez que las cuantiosas fuentes originarias de la renta petrolera y las remesas transfronterizas han sido secadas por la voracidad de la casta dirigente, incluyendo a la izquierda de cartón piedra que tenemos.
El desplome del peso es alarmante, pese a que los funcionarios gubernamentales finjan una sonrisa optimista y quieran venderlo como estímulo a la competitividad de los productos mexicanos de exportación. Esos a los que el gobierno estadounidense busca gravar con impuestos sacados de la chistera demencial del odio, de la ojeriza inexplicable que profesa a los ciudadanos que habitamos este país, y a aquellos que se han ido allá, incrementando la riqueza del país vecino.
Con el fragor de la tormenta, los cantos hipnóticos de la casta buscan convencer a los habitantes de la necesidad de sacrificarse en aras de la patria, pero los delincuentes suyos escapan sin ser desplumados, aprovechando los cuantiosos capitales que amasaron durante el saqueo de las arcas ciudadanas. No sólo eso, muchos de los actuales burócratas que gobiernan estados y municipios siguen usando recursos públicos o desviándolos para fines ajenos al bienestar común.
La grilla los mantiene ocupados en el futuro y han dejado de realizar las tareas para las que fueron elegidos, sobre todo ofrecer seguridad a los habitantes. Acaso por ello, el ascenso de la violencia, los robos, los secuestros y la extorsión es galopante.
Diariamente se acumulan denuncias y se escuchan los gritos de las víctimas pidiendo justicia y resarcimiento.
Ahora se solicita unidad para enfrentar el enemigo extranjero, sin embargo, el desencanto amontonado parece que ha convertido a los mexicanos en escépticos irredentos. En mala hora.