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Cosas de Jerez
?Una combinación singular:  excentricidad e inteligencia
Javier Torres Valdez 10-05-2016 22:42 hrs

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Liga Corta




Cada 15 de septiembre, no he podido evitar que aparezca el recuerdo de un personaje que por muchos años estuvo radicado en Jerez, pues laboraba como maestro de primaria en la Escuela Federal Francisco García Salinas. 

El nombre completo del invitado a nuestra columna de hoy es el profesor José Morales Arellano,  desconocido para muchos por su nombre, pero recordado por todos por su apodo: “El Rorro”.

Decía en su clase: 
-Niños, pongan atención, mañana en la clase de biología estudiaremos la reproducción de las aves, quiero que cada uno de ustedes me traiga un huevo.
Al día siguiente: 
- El huevo se compone de embrión, yema, clara y cascarón, haber, repítanlo: Embrión... yemaaaa, claraaaa y cascarón.

La clase se repetía cada que al maestro se le terminaban los huevos en su despensa.

Cierta vez, un profesor recién llegado a la escuela tuvo un pequeño altercado con él. Fue cuando el director le dijo al nuevo: Cuidado, este maestro es de muchos huevos.

Por varias semanas, el mentor creyó que el maestro Morales Arellano era violento o de armas tomar.

Era un individuo excéntrico, pero muy inteligente, por las noches recorría las calles del centro, saludando en español, italiano, portugués o francés, aunque su saludo clásico era: Bona Notti Cabalieri.

Luego de quedar viudo convenció a dos mujeres para que hicieran vida marital a su lado, un 15 de septiembre a una la vistió de verde, a otra de rojo y él se puso un impecable traje color blanco y tomando a cada una del brazo, salió a dar la vuelta al jardín, causando sorpresa, estupor y sonrisas maliciosas.

¿Se vino al grito maestro? 

-Noooo, el grito lo van a dar ellas, en cuanto lleguemos a la casa...
El maestro era dueño de una hermosa caligrafía y era común que cuando alguien quisiera darle énfasis a un aviso o a una reunión escolar, se le encargaba esa tarea.
Cierta vez, un presidente municipal, cuyo nombre nos reservamos, porque ya no está en el mundo de los vivos, le encargó que redactara un aviso sobre un pizarrón que le habían prestado en una escuela, el profesor Morales cumplió el encargo y cuando lo vio el alcalde dijo: 
-Oiga maestro,  qué hizo, no se le entiende nada, están muy retorcidas esas letras.
-Esa se llama “escritura inglesa”, argumentó. 
-Pos hágalas con escritura mexicana y no las haga tan adornadas.

Entonces el maestro, sacó figuras y símbolos aztecas, se los dibujó en el pizarrón y se regresó a su casa.
¿Qué hizo maestro?, le preguntó un empleado de la presidencia.
-Es un mensaje para el presidente y quiere decir que tiene retorcido el cerebro, pero no se preocupen que tampoco le va a entender.

El apodo de “El Rorro” le llegó motivado por su mismo actuar, pues una de aquellas dos mujeres con las que vivía le dio un hijo y al poco tiempo desapareció, entonces el profesor Morales haciendo el papel de padre y madre cuidó a su pequeño y cargándolo en brazos, se apoltronaba en una banca del jardín y como no se sabía canciones de cuna por interminables minutos y quizá horas, le cantaba a su hijo: “A la rorro niño, a la rorro ro ro, duérmase pedazo de mi corazón”.  

Fue entonces cuando para referirse a él se le quedó el sobrenombre causándole enorme disgusto, aunque gradualmente vino a menos hasta desaparecer.

Al paso de los años, aquel pequeño creció, tomando la carrera de la música y el maestro al quedarse solo, salía con una puñado de onzas de plata, diciéndole a niños o jóvenes: 

-Una monedita a quien me conteste esta pregunta...

Resulta obvio, anotar que pocos, muy pocos lograron ganarse las monedas, ya que Morales Arellano dentro de sus excentricidades y locuras, era una enciclopedia viviente, independientemente de ser un psicólogo autodidacta.

Dios lo tenga en paz...“ Luego de quedar viudo convenció a dos mujeres para que hicieran vida marital a su lado, un 15 de septiembre a una la vistió de rojo, a otra de rojo y el se puso un impecable traje blanco ”