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¿Va usted a misa los domingos?

Una mirada al mundo
Sordera testicular
Ricardo González 13-05-2015 21:38 hrs

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Relumbrón y más relumbrón es el adjetivo que se le puede dar a las políticas de obra pública en este sexenio.

Una política pública, querido lector, es el plan que emana de un grupo de expertos en diferentes campos del saber. 

Como ejemplo, las políticas públicas sobre transporte deben de incluir desde la visión de los choferes, los propietarios de los autobuses, los proveedores de diésel, la supervisión de tránsito, el medio ambiente, los zonas prioritarias para trazar las rutas, los usuarios, los descuentos, la integración de personas con discapacidad.

Nos sirve el ejemplo para contextualizar cualquier obra de gobierno, las cuales deberían contar con la mayoría de las variantes que he imaginado anteriormente.

Podemos ver que en el tema de la obra pública ha habido una total ausencia de proyectos de amplio impacto en la sociedad.

En vez de reparar por “encimita” la Alameda, la Plaza de Armas o la avenida Hidalgo, debería de realizar una cirugía mayor al Centro Histórico.

Tal vez algunos lectores no lo sepan pero en el Centro de la ciudad serpentean tres arroyos, debajo de esas construcciones Patrimonio de la Humanidad.

El más grande es el Arroyo de la Plata, el cual baja desde Bracho, entre las calles 2da. de Matamoros y Miguel Chávez, Urízar, Del Deseo, Tacuba, Allende, por la Plazuela Genaro Codina, la calle Arroyo de la Plata y después por el boulevard; su paso se entrelaza con casas y edificios públicos.

La parte trasera del Palacio de Gobierno, los salones de ejercicios de Catedral, Correos de México, La Michoacana de Tacuba, son algunos de los inmuebles construidos sobre el Arroyo de la Plata.

El segundo cauce es el que baja de lo que antes eran las minas de Quebradilla. Transita por debajo de la Alameda, del Mesón del Jobito, por la Plazuela Juárez, atraviesa la avenida Hidalgo y en la Plazuela Genero Codina se une con el de la Plata.

El tercero baja por la antigua carretera a La Bufa, desde el Parque de la Peñuela hasta unirse en el boulevard con el cauce principal.

Según la docente universitaria Evelyn Alfaro, las últimas obras de reparación de este socavón fueron en la década de los 70; en esas reparaciones a la techumbre del arroyo se le retiraron las maderas dañadas por unas nuevas.

La madera sostiene los edificios de cantera. Ahora no lo vemos pero el paso interminable del tiempo algún día podrá causar serios daños.

Escribía Severino Salazar que Zacatecas se podría por dentro, como una señora de alcurnia llena de maquillaje (¡cuánta razón!). Pero al señor que despacha en la Casa de los Perros ya todo le “vale huevos”.