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El Día del Señor
Solemnidad del nacimiento de Jesús 
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 23-12-2016 22:37 hrs

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Liga Corta





Introducción
Hermanos: Hoy tenemos el inmenso gozo de celebrar el Nacimiento de Jesucristo en carne mortal. Por obra y gracia del Espíritu Santo, cumpliéndose la voluntad salvadora del Padre eterno, el Hijo ha querido hacerse hombre para redimirnos con su poder divino y con su grandísimo amor, de todo pecado dándonos un destino perfecto y hermoso en los cielos. Hoy encontramos a María, su Madre, y a José, su padre adoptivo, junto al Niño Dios en el pesebre de Belén y a quien adoran los ángeles y los santos del cielo.

Hoy, también con la encarnación del Hijo de Dios hecho hombre, brilla para todos los pueblos de la tierra la “Luz” que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Hoy vuelve a renacer nuestra esperanza la cual alienta y anima nuestro ser de cristianos, que vamos de peregrinos por este mundo hacia la casa del Padre en los cielos. ¡Cantemos pues, la alabanza en honor de Cristo, y que su amor y su gracia, inunden nuestros corazones y los dispongan para adorar al Niño Dios, y no solo en el portal de Belén, sino sobre todo en el pesebre de nuestras almas y en lo más profundo de nuestro modo de existir como cristianos y adoradores de Cristo en “espíritu y en verdad”. Unámonos pues,  a los coros angélicos; exultemos de pura alegría, porque el Emmanuel ya está en medio de cada uno de nosotros y en el centro de todos los pueblos y del universo entero.
 

Una gran alegría para los pueblos de todo el mundo

Celebrar el Nacimiento de Cristo como hombre verdadero, siendo también verdadero Dios al ser el Hijo coeterno del Padre, encontramos en él,  la auténtica esperanza que debe alentar y dar sentido a nuestra presencia en este mundo y al creer en él, encontrar: el camino, la verdad y la vida.
 
Las fiestas navideñas siempre vienen acompañadas de luces, colores y alegrías. Es el tiempo oportuno para reunirse en familia y con los amigos sinceros y a quienes queremos y compartimos nuestros sentimientos de paz, deseos efectivos de fraternidad y servicio. Antes de darnos los parabienes de la Navidad del Señor, será muy bueno profundizar, siquiera, en estos momentos de nuestra homilía en el significado hondo y maravilloso de lo que significa esta reconfortante y espiritual solemnidad litúrgica y religiosa de nuestro catolicismo.
 
+  Recordemos en primer lugar, que Jesús vino a este mundo en situación de humildad, pobreza y sencillez. Nace de una familia pobre, alegre y llena de fe en los designios de Dios, que a María y a José, Dios les ha revelado dentro de las circunstancias del misterio divino de Cristo, el Mesías y el Salvador de los hombres, asociando a ellos el universo entero. Jesús siendo Dios no hizo alarde de su categoría divina, sino que se abajó y humilló para ser el servidor de todos los hombres y ofrecerles una vida limpia de pecado que él perdona; y una vida fraterna teniendo todos los hombres  la común dignidad de “hijos adoptivos del Padre”, a partir de nuestro bautismo que nos configura con el mismo Jesús y con el sello del Espíritu Santo, siendo él,  el Primogénito de muchos hermanos, precisamente al hacerse hombre como nosotros, sin pecado ni mancha alguna de lo cual nos ha liberado y redimido, llenándonos de gozo, paz y comunión con el mismo Dios y con la creación entera.
 
+  Consideremos, desde luego, que Jesús siendo el Salvador, el Mesías y el Señor, sin embargo, su nacimiento se da en el desplazamiento, la pobreza y la marginación. Contemplemos, cómo Jesús, ya desde el seno materno de María corre la suerte de los pobres quienes por violencia, situación económica o decreto de una autoridad terrena, son obligados a desplazarse de un lugar a otro. Nace en un establo para animales y es recostado en un pesebre, “porque no había lugar para ellos en la posada”.
 
+  Los primeros en recibir la noticia del nacimiento de Jesús, son los pastores en sus campos: hombres sencillos y humildes; despreciados y marginados por la sociedad. Ante estos hombres que viven al descampado, en la miseria y penuria económicas, en la oscuridad, se revela la gloria de Dios, su luz, su alegría y su paz. Se les anuncia desde el cielo la Buena Noticia que causaría  una gran alegría a todo el pueblo. Se les anuncia: “Hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.

Conclusión

¡En este mundo tan convulsionado por divisiones, guerras,  odios fratricidas y crímenes, descubramos una vez más con la gracia de lo alto, que en el cielo y en la tierra existen: el gozo,  la alegría y la esperanza; el camino del amor sin límites ni fronteras; la justicia, la alegría y la paz perdurables para todos los pueblos, redimidos,  porque Jesús siendo Dios, se hizo hombre para mostrar a la humanidad de todas las generaciones el camino eterno de la luz, el perdón y la comunión universal y peregrinar, entonces, hacia la casa del Padre para siempre!
 
*Obispo emérito de Zacatecas