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El Día del Señor
Seguir a Jesús, con la libertad para amar 
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 25-06-2016 21:05 hrs

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Cortesía / EL EVANGELIO DE SAN LUCAS DICE: ”Seguir a Jesús con toda nuestra libertad para amar”.
Introducción
Hermanos, cada domingo como Día del Señor, la Iglesia siempre nos presenta diversas facetas de la rica personalidad de Jesucristo, como verdadero Dios y verdadero hombre. 

Estamos invitados y llamados por gracia divina a conocerlo, amarlo y seguirlo.

Él se nos da a conocer como nuestro camino, verdad y vida. Y nadie puede llegar a la casa del Padre sin la mediación de su Hijo encarnado para que, como dice San Pablo: “Mi vivir es Jesucristo y vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”.

Por tanto, conocer y seguir a Cristo, debe ser fruto constante de nuestra fe iluminada por el amor y la esperanza de estar con él, desde ahora y hasta la eternidad. 

Este es el designio del Padre eterno que es posible llevarlo a la práctica con la luz, los dones y carismas del Espíritu Santo, en medio de este mundo con sus luces y sus sombras.

Hoy, propongo en mi homilía, el siguiente tema que se precisa con los textos bíblicos de la liturgia de la Palabra, especialmente el evangelio de San Lucas: “Seguir a Jesús con toda nuestra libertad para amar”. 

Adentrémonos pues, en las siguientes reflexiones que nos iluminen para seguir con generosidad y alegría a Cristo y que nuestra vida cristiana sea auténtica y fecunda, como testigos de su evangelio y como partícipes de su reino de amor, fraternidad y paz.

Esas que tanta falta nos hacen en nuestro mundo actual, tan atribulado y con tantos  caminos a  seguir, pero con metas que no realizan nuestras vidas en el diario vivir y teniendo como horizonte ineludible, la unión con Jesús desde este mundo y hasta llegar con Él y los santos a la comunión celeste.

Seguir a Jesús con la libertad para amar
En el evangelio de este domingo, según San Lucas, advertimos dos partes. Primera: Rechazo de los samaritanos a Jesús. Segunda: Radicalidad del seguimiento de Cristo. 

Todo esto se presentó a Jesús  a raíz de haber tomado la firme decisión de emprender el viaje a Jerusalén, para llevar a cabo los anuncios que hizo a sus discípulos y seguidores, acerca de su pascua de pasión, muerte y resurrección. 

En Jerusalén, Jesús de nuevo será rechazado, esta vez por los jefes religiosos del pueblo judío. Por eso adquiere dramatismo la firme y consciente determinación del Señor de ir a Jerusalén, la ciudad que mataba a los profetas.

En este contexto, Jesús deja constancia de la radicalidad de su seguimiento que propone en la segunda parte del evangelio de hoy, mediante tres frases muy claras que mientras va de camino, pronuncia en tres encuentros de vocación, que ahora consideraremos.

A) Cuando Jesús ya iba de camino a Jerusalén, alguien le dijo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

Con esta respuesta Jesús previene e indica que sus seguidores han de dejar a un lado y subordinadamente, cualquier interés humano y económico.

Sin embargo muchos lo han seguido porque entendieron que la verdadera felicidad no está  únicamente en el tener, sino en el ser discípulos suyos. Por esto, bien dijo Jesús “busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura”.

B) En un segundo caso que nos narra el evangelio que estamos considerando, Jesús llama a un hombre diciéndole: “Sígueme”, pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.

Cuando Cristo habla de que los muertos entierren a sus muertos, se refería a los muertos espirituales y luego a los muertos físicamente. De cualquier manera la vocación a pertenecer al reino de Dios y colaborar a su expansión, tiene primacía sobre cualquier otra cosa.

C) Finalmente a un tercero que pidió tiempo para despedirse de su familia, como Eliseo le pide a Elías al llamarlo para que fuera su sucesor con el poder profético de acuerdo a la primera lectura de este día, el Señor le dice: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

Desde luego que Jesús no está en contra de la familia, pero hace entender a sus seguidores, que la vocación a pertenecer al reino de Dios y cumplir con la misión de extenderlo a toda la tierra, en una escala de valores, ocupa el primerísimo lugar y todo debe estar sujeto a la razón de ese reino y de acuerdo con la voluntad de Dios para salvar a los hombres de todo pecado y de la muerte eterna.

La libertad para aceptar el reino de Dios y sus exigencias, debe basarse en el amor 
La libertad del que ama a Dios y a los hermanos por encima de todas las cosas, es precisamente la libertad de los justos, que eligen el camino de la santidad, que consiste en valorar y aceptar totalmente la voluntad de Dios, expresada en su designio de salvación que se realiza en el ser y el quehacer del reino de Dios, mediante la Iglesia fundada por Cristo, y la radicalidad de sus exigencias, como prueba de un amor libre sin límites, apoyados en la gracia divina de la elección y la vocación que cada uno recibe para la gloria de Dios y su propia salvación.

Podemos ahora concluir esta homilía, afirmando: El imperativo para seguir a Cristo en su Reino, que es de todos y cada uno, parte y se apoya en el supremo don de Dios, de su infinito amor que precede siempre. 

Efectivamente, somos hijos adoptivos de Dios por nuestro bautismo y con la acción del Espíritu Santo que se nos ha dado y que ora dentro de nosotros, haciendo que nuestra libertad se ejercite en, con y por el amor en el amplio horizonte de nuestra vocación realizada en el tiempo y para la vida eterna como premio y recompensa.