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Cartas desde el exilio
Racismo radical
Miguel G. Ochoa Santos 26-02-2017 19:19 hrs

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Liga Corta




La élite político empresarial mexicana está intentando por todos los medios mantener vivo el TLC, aunque sea de manera mutilada. Parece mantenerse en la tendencia que ha marcado Carlos Slim, relativa al presunto carácter negociador del actual presidente del vecino país norteamericano, pese a que la realidad cotidiana demuestra que el proyecto del grupo dirigente es eminentemente racista, vamos tipo “Terminator”.

Si no lo fuere, entonces escucharíamos un balance más ponderado de las consecuencias de la inmigración mexicana. No se subrayaría únicamente el efecto negativo de los indocumentados, mucho menos se utilizaría la generalizada criminalización que la etiqueta de “bad hombres” implica. También habría elogios por las aportaciones de las “buenas personas mexicanas” en todos los ámbitos de la vida estadounidense.

Tenemos grandes científicos que laboran arduamente en universidades y centros de investigación de aquella nación. Trabajadores y empresarios mexicanos han aportado dinamismo a la economía y, sobre todo, cuantiosas ganancias allí donde se desempeñan. En el ámbito del arte y la cultura ocurre algo similar, incluso cineastas como Alejandro Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro han generado altos dividendos a las compañías gringas con las que han colaborado, sin que un solo dólar de las utilidades haya migrado hacia México. ¿Se han aprovechado de ellos?
Salma Hayeck es una productora exitosa allende las fronteras, lo mismo que actores como Damian Bichir, Diego Luna, Karla Souza y Gael García, entre otros. Nadie les ha regalado nada, el esfuerzo que han realizado para posicionarse en el panorama cultural estadounidense ha sido monumental. Así que las diatribas lanzadas diariamente por los miembros gubernamentales de hoy deben interpretarse dentro este sesgo racista, agreste y turbio.

Decía el desaparecido escritor italiano Vincenzo Consolo que la idea de un progreso moral, infinito y lineal, es una ilusión moderna, porque en los hechos la posibilidad de regresiones a estados de barbarie siempre está abierta. Y tristemente estamos ahora deslizándonos en esta espiraliforme y oprobiosa vía; la más burda y cruel.