×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Memoria viva
Pedro Vélez, un zacatecano insigne
Manuel González Ramírez 20-12-2016 19:12 hrs

Compartir

×


Compartir



Liga Corta




El próximo 23 de diciembre se cumplen 187 años del arribo de un zacatecano a la primera magistratura del país. Nos referimos al doctor Pedro Vélez y Zúñiga.

Aún se conserva el texto del discurso que pronunció ese día, al momento de asumir el cargo y en esta ocasión se los compartimos.

Pedro Vélez y Zúñiga nació en la Villa de Villagutierre del Águila (actual ciudad de Villanueva, Zacatecas), en 1785, y falleció en la capital del país en 1848. Hijo de don Pedro Vélez, quien en 1805 integró y fundó el primer ayuntamiento de Villanueva.

El pequeño Pedro comenzó su formación en el Colegio de San Luis Gonzaga de la ciudad de Zacatecas.
Luego pasó a Guadalajara para continuar sus estudios en el Seminario Conciliar y para cursar ambos Derechos en la Universidad de Guadalajara, en la que obtuvo los grados de Licenciado y Doctor en Filosofía, sucesivamente, el 13 de marzo de 1803 y el 9 de febrero de 1804. 

Terminada su carrera recibió de la Real Audiencia de Guadalajara el título de Abogado y en la Universidad los grados de Licenciado y Doctor en Cánones el 29 de abril y el 3 de junio de 1810, respectivamente, y los de Licenciado y Doctor en Derecho Civil el 24 de agosto de 1817 y el 9 de agosto de 1818.

Fue catedrático de la referida universidad. Por esos mismos años, el general Cruz, capitán general de la provincia de Guadalajara lo nombró su asesor. 

Al consumarse la Independencia en 1821, el doctor Vélez comienza su trayectoria política. 
Fue electo como regidor del Ayuntamiento de Guadalajara. En 1822 recibe el nombramiento de vocal secretario  de la Diputación Provincial y figuró como diputado en el Congreso Constituyente de Jalisco de 1823 y 1824, habiendo suscrito la primera Constitución Política de dicho estado en calidad de presidente del Congreso. 

Terminada su misión pasó a México, donde se matriculó en el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados, el 24 de enero de 1825.

Casi coincidió su llegada a la capital del país con su incorporación a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en calidad de ministro, es decir, que tuvo el privilegio de ser una de los ministros fundadores del poder judicial de la federación.

El primer presidente del Tribunal Supremo de la Nación fue Miguel Domínguez, originario de la ciudad de México y desempeñó este cargo de 1826 a 1827. El segundo presidente fue el doctor Pedro Vélez, quien asumió esta responsabilidad de 1828 a 1830. Le siguió Andrés Quintana Roo, de 1830 a 1838.

Don Pedro Vélez estaba presidiendo la Suprema Corte cuando fue llamado a ocupar la Presidencia de la República el 23 de diciembre de 1829, luego de que el Plan de Jalapa obligara a la renuncia del presidente interino José María Bocanegra; el mismo día, de acuerdo con la Constitución, quedó integrada una junta de gobierno con Vélez, Lucas Alamán y Luis Quintanar, que estuvo en funciones hasta el 31 de diciembre del mismo año, cuando entregó el poder ejecutivo federal a Anastasio Bustamante.

Aún se conserva el texto íntegro del discurso que leyó el doctor Vélez cuando tomó posesión como cuarto presidente de México y es el siguiente:

“El Supremo Poder Ejecutivo Provisional, a los ciudadanos mexicanos

Habitantes de los Estados Unidos Mexicanos: al fin se hizo posible escuchar la irresistible voz de la nación, y vuestros votos fervorosos han sido coronados por el éxito.

La sagrada carta y todas las leyes emanadas de ella, recobran hoy su imperio; y los conciudadanos, en él, su libertad, su seguridad y su quietud.

El ejército de reserva y la valiente guarnición de esta Capital, correspondiendo a lo que debe ser el soldado ciudadano, han restituido a la Constitución el soberano poder de que la despojaron crímenes repetidos: han renovado el sagrado juramento de su observancia y han cumplido con lo que deben a la patria.

De hoy más vuestros representantes en los Congresos de los Estados y en general de la Unión, no volverán a ser juguete de facciones, ni tendrán necesidad de ser sus ecos, y podrán ser órganos verdaderos de la voluntad general.

El brillo de las armas empuñadas por los defensores de la ley y no por demagogos exaltados, no tornará a servir para aterrorizarlos y arrancarles votos contrarios a su conciencia y a vuestros intereses, sino para asegurarlos de que puedan obrar el bien con libertad imperturbable.

En este día, que deberá ser eternamente memorable en los anales de la libertad e independencia nacionales, hemos sido llamados al frente de los negocios públicos por el ministerio de la ley y mediante la libre elección del Consejo de gobierno, con total arreglo a los artículos 97 y 116 del Código Sagrado.

La carga es superior a nuestras fuerzas, pero no lo será a nuestros deseos y sacrificios. En el corto tiempo que la debemos llevar sobre los hombros, no nos desviaremos un solo ápice de los senderos de las leyes: el orden constitucional recobrará toda su fuerza y esplendor, todo volverá al sendero de que lo habían desviado las pasiones que os han arrancado tantas lágrimas y ocasionando tantos males.

La ley ha querido que os consagremos nuestra quietud y nuestra existencia; si fuere necesario, la obedeceremos gustosísimos.

Estad seguros de que no perdonaremos vigilia ni trabajo y porque se conserve por todas partes el orden público, renazca el constitucional, se reanimen los giros, la unión y la paz se consoliden, y todos bendigan el pronunciamiento del Ejército y el memorable mes de Diciembre de 1829.

Ayudadnos mexicanos, y todo quedará hecho.”

Dado en el Palacio Nacional de México, a 23 de diciembre de 1829.-Pedro Vélez.-Luis Quintanar.-Lucas Alamán.»

Jurisconsulto prestigiado por su saber, honorabilísimo en el ejercicio de su profesión, y digno funcionario público, falleció en la capital de la república, siendo magistrado de la Suprema Corte de Justicia, el 5 de agosto de 1848.
 
*Cronista de Zacatecas