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Cosas de Jerez
Patronatos de la feria y la transcultura gringa
Javier Torres Valdez 27-06-2016 21:27 hrs

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Liga Corta




Hace ya más de medio siglo, cuando los Leones jerezanos, ya constituidos en club, iniciaron una serie de eventos con el interés de recabar fondos para la navidad del niño pobre. 

Por aquellas fechas no se utilizaba la frase mal acuñada, por cierto, que se refiere a “los que menos tienen” como si el utilizar la palabra pobres fuera un delito.

Tampoco se utilizaba el nombre de: Patronato de la Feria, los festejos anuales eran manejados por La Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, que como su nombre lo indica, estaba integrado por los mejores hombres del municipio, a quienes les importaba mucho su prestigio moral y su conducta cívica.

Entre los muchos miembros que en su momento tuvo esa junta, llegaron a figurar el médico Varela, Miguel de la Torre, El Chino Escobedo, Juan Santoyo Quezada, Carlos Acevedo, Rafael Argüelles, Rafael Alcalde Avila, Rafael Alcalde Félix, Jesús Rodríguez Pérez, Benito Robles Sánchez, tan sólo por mencionar
algunos, que si quisiéramos anotarlos a todos, haría falta espacio.

Trabajaban duro por darle a Jerez, prestigio y tradición, pero al paso de los años, las cosas fueron cambiando gradualmente, hoy todo es diferente, pero queda el recuerdo de aquellos que se esforzaron por hacer grande a Jerez.

En aquellos ayeres, la cultura del dólar entre los jerezanos no estaba tan arraigada, ni existían los programas del 3x1 para Migrantes, ni a los trabajadores en el extranjero se les llamaba migrantes, ni residentes, eran simplemente braceros, por aquello de trabajar con los brazos.

Como todavía no existían las bandas de música, los que venían, contrataban el tamborazo y aquellos a los que no gustaba esa música, contrataban un par de “cantadores”, quienes con sus guitarras eran subidos al asiento posterior de un carro de sitio, en la parte delantera iba el chofer y el bracero que con la ventanilla abierta, aprovechaba para saludar a todo mundo, por horas y horas para que se enteraran que ya había regresado y que traía dólares.

Hubo una vez un residente llamado Francisco Ramírez, a quien sus amigos apodaban La Chiquilla, su arribo a esta ciudad causó expectación, pues lo hizo en un avión que había adquirido para trasladarse hasta su patria chica, y en una pista habilitada en terrenos cercanos al Río Mortero, hizo bajar su aparato y hasta la fecha es el único jerezano que ha regresado en avión a su tierra.

El gusto de los paisanos que se han ido a los Estados Unidos es regresar, emborracharse, agarrar la banda y dilapidar lo que con sacrificios hicieron en el vecino y norteño país, allá para hacerse notar toman cerveza corona, cuando estaban de modas las grabadoras de casette, se esforzaban por traer las más grandes, luego empezaron a traer filmadoras cada vez más pequeñas y sofisticadas, mismas que luego empeñaban o vendían para poder regresarse.

Pudiera decirse que los paisanos que viven en los Estados Unidos se dividen en varias categorías, los ilegales, los residentes, y 0tros que habiendo nacido allá, no quieren ni siquiera oír el español, reniegan de su color y de su idioma, y son conocidos como “gringos cabeza prieta” y cuando vienen a la tierra de sus padres, se caracterizan por maldecir e insultar en inglés y comportarse mal, algo que no hacen en los Estados Unidos, por el temor que tienen a la policía.

No pueden faltar aquellos que se nacionalizaron americanos y que son para justificar su estancia en aquel país, se vuelven más fanáticos que la raza sajona y siempre están ponderando que allá todo es mejor, más grande, más bonito, más bien organizado, las vacas son más gordas, el pasto más verde, los policías grandotes y de ojos azules.

La excepción de la regla son aquellos paisanos que sin hacer ruido, cuando regresan invierten su dinero, en propiedades, ranchos o empresas, porque a pesar de todo siguen queriendo a su país y tienen la esperanza de regresar en forma definitiva, éstos son los que merecen todo nuestro respeto, lástima que sean los más pocos.

Algunos, enamorados de su tierra, trabajan y luchan por traer algún beneficio a su municipio, se organizan en clubes, participan y cooperan para formar un fondo común. Lástima que a cambio de ello, haya otros que sólo gastan su dinero en música y alcohol.

Muchos vendrán a traer alegría a su familia con su presencia, con su apoyo, con ropa para los pequeños de la casa, no faltarán aquellos que en forma organizada traigan juguetes para toda su comunidad, a esos debemos otorgar nuestro respeto por seguir pensando en los suyos y por demostrar ese cariño por su tierra, a esos debemos darles la bienvenida y alegrarnos por su presencia, quienes solamente vienen a escandalizar, serán siempre los prietitos del arroz.

Hay algunos que siendo migrantes, también han sido Leones y se han esforzado como aquellos fundadores del club social, en llevar alegría a los niños sin fines políticos.