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Panorama político
Cicerón Muro Cabral 22-09-2016 16:17 hrs

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Liga Corta




Muchas veces en la historia de nuestro país la situación política fue un desastre en la organización y la práctica del poder político. Hoy día, siguiendo la costumbre, se presenta la misma situación.

Las noticias nacionales, que muestran sólo algunos medios de comunicación, exponen noticias pavorosas como el incremento del dólar a veinte pesos, el aumento de la violencia debido a una ineficaz y mortífera lucha contra el narcotráfico, marchas en pro de la homofobia y el odio que atentan contra los derechos humanos, la descarada corrupción en los distintos poderes y la condonación de impuestos de miles de millones de pesos a los grandes capitales privados de este país cuyos jefes son amigos de nuestro plagiario presidente. Mientras tanto, la clase política y los privilegiados de este país, siguen regodeándose, al mismo tiempo que la mayoría social sigue perdiendo derechos y hasta las ganas de vivir. Aunque se escuché pesimista, sería ingenuo si existiera algún optimista ofuscado de nuestro actual sistema político.
Lo correcto, creo yo, es sentir el coraje y enojo ante tal situación.

Frente a tales hechos, podemos pensar que hoy día las instituciones políticas más que beneficiarnos nos perjudican. La corrupción y males que presentan no son casos aislados, sino unas enormes fallas estructurales que arrastramos como país desde hace mucho tiempo.
Cambiar el sistema deteriorado e injusto radica en la organización colectiva de parte de la ciudadanía que altere las instituciones políticas y sociales, además que provoque un cambio substancial en la cultura política de nuestro país. Observando la historia, podemos dilucidar que todas las conquistas de derechos y de participación democrática se dieron gracias al cambio de conciencia social y a la organización colectiva; no simplemente votando, como nos hacen creer. Cambiar la deplorable situación actual consiste en la articulación de distintos movimientos sociales, que cada uno luchando contra distintas injusticas, se integren en unidad para provocar el cambio que se necesita. El cambio cultural o el cambio en la conciencia colectiva también debe ser un elemento fundamental. Remplazar el imaginario colectivo que concibe a la actividad política como una profesión que en el que sólo participan cierto tipo de personas acaudaladas con el fin de acaudalarse más, que muy pocas veces han vivido bajo instituciones públicas (que pretenden dirigir) las cuales proyectan como instituciones privadas. En democracia la ciudadanía gobierna bajo leyes justas las instituciones, no una oligarquía bajo leyes que favorecen sus intereses. Tal como indicó el expresidente uruguayo José Mujica hace pocos días en la Novena Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana: “La política no es una profesión, el que se dedique a la política tiene que saber que tiene que vivir como la mayoría de su pueblo y no como una elite privilegiada.”