×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Cartas desde el exilio
Odio religioso
Miguel G. Ochoa Santos 11-09-2016 21:38 hrs

Compartir

×


Compartir



Liga Corta




Apenas descansábamos del bochorno producido por la visita de Donald Trump, cuando surge un nuevo episodio de odio hacia el otro. Y lo peor es que se trata de edulcorar con el discurso sacro del amor divino, ese que el dios cristiano profesa a sus criaturas terrenales, salvo a los que han nacido o elegido el camino torcido de la diferencia sexual, los anormales, según profesa la perspectiva iracunda de los ultras.

Esta fobia rencorosa de las iglesias y sus fervorosos creyentes alienta un rechazo visceral a la igualdad jurídica de los que se asumen pertenecientes a otro género. Pero uno se pregunta: ¿rencor a qué o a quién? Queda uno perplejo al ver estas rancias posiciones desfilar sin rubor por las calles, más aún cuando sabemos que las enseñanzas éticas y morales de Cristo se fundan en el amor al prójimo. Lo contrario carecería de sentido, porque entonces tendríamos que adorar a una deidad ominosa.

Claro, habría que reparar en el carácter abstracto de principios y mandamientos, los cuales por lo regular arrasan con las vidas concretas de las personas singulares. Es más fácil querer una entelequia abstracta que sentir terrenalmente amor y compasión por alguien de carne y hueso, aunque fuese distinto.

Trump y la jerarquía cristiana, a excepción del Papa, se hermanan en este desprecio a los derechos humanos de los otros; de aquellos que no pertenecen a la tribuna blanquecina del progreso material y de aquellos que pervierten un supuesto orden natural que sólo tiene presencia en su carcelaria imaginación.

Ni las contradicciones y disparates de los ultras detienen el comportamiento vergonzoso de la discriminación. Hablan de transgresión de una disposición natural, la familia convencional, cuando en realidad ha sido ésta uno más de los inventos prácticos de los humanos, como los son, por ejemplo, las costumbres, normas y la variedad de juegos eróticos. Acaso lo originario sea, precisamente, la pluralidad integral de seres. Esa diversidad que algunos, al parecer, odian y quieren ver muerta.

*consolovin@hotmail.com