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Nuevos desafíos 
Huberto Meléndez Martínez 09-01-2017 17:01 hrs

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Liga Corta




A Pedro, Raúl, Toño, Flavio, Mario, José, Tomás,por participar en la fundación de una Prepa.

Lo más importante estaba disponible: Una cantidad considerable de jóvenes egresados de la escuela secundaria en el último año y en generaciones anteriores, más un equipo de profesores que podría constituirse como la planta docente del plantel.

El maestro Pedro desempeñaba las funciones de supervisor de educación primaria. Consideró la viabilidad de persuadir a varios profesores de las distintas escuelas existentes en la comunidad y sensibilizar a las autoridades locales para desarrollar el proyecto.

Tuvo conversaciones individuales con varios de ellos. Algunos mostraron entusiasmo de inmediato, otros mostraron escepticismo pero fueron receptivos y hubo quién tomó con indiferencia la idea. Después se hizo una reunión con quienes tuvieron el deseo de participar, involucrando al médico y al sacerdote de la comunidad.

Sobre la mesa aparecieron varios asuntos relacionados con las gestiones administrativas para conseguir el reconocimiento oficial del plantel, la certificación de los estudios del estudiantado, los horarios de actividades, el reglamento para organizar la vida interna de la escuela, el intervalo de las edades de los aspirantes a inscribirse, el salón para impartir las clases, la forma de dirigir de la academia docente y los salarios del personal.

En el primer caso, sólo el promotor supo la cantidad de vicisitudes, visitas, puertas tocadas y autoridades entrevistadas en la secretaría de educación, para oficializar al plantel incorporado como una escuela preparatoria por cooperación y contaría con su correspondiente clave administrativa.

El horario de clases se organizó de manera sencilla. Tendrían turno vespertino, pues los maestros trabajaban por las mañanas en una escuela primaria o secundaria.

Acordaron dar participación a los alumnos, en la elaboración de un reglamento interno, cuando iniciaran las clases, pues estaban convencidos de la garantía del cumplimiento del mismo, al involucrar desde el principio a aquella pequeña e incipiente comunidad escolar.

Las edades de los alumnos estaban normadas por la Secretaría de Educación. Debían ser no mayores de 18 años, y habría un trámite de dispensa de edad para alguien que sobrepasara con algunos meses este límite.

Había un edificio abandonado de una escuela antigua. Tenía salones disponibles, patio para juegos y sanitarios. Con una mínima atención de pintura, adecuar mobiliario, colocar un pizarrón y rehabilitar el suministro eléctrico, sería posible resolver ese importante asunto.

Para dirigir la escuela el consenso hizo propuestas, quedando electo el profesor Pedro. El asunto de los salarios fue un asunto de segunda importancia, pues nadie pensaba cobrar honorarios, sino participar servicialmente para adquirir experiencia profesional.

En muchas poblaciones esta historia se repite recurrentemente con personas que son pioneras de la educación. La necesidad educativa motiva a los grupos a organizarse voluntariamente con la noble aspiración de mejorar su nivel sociocultural.