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El Recreo
Nuestra segunda decena trágica 
J. Luis Medina Lizalde 11-12-2016 19:58 hrs

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Ayer se cumplieron 10 años del inicio de  la guerra al narcotráfico mediante el empleo masivo de las fuerzas armadas,  inicialmente en el estado de Michoacán.
La certificación del fracaso de la trágica decisión  provino nada más y nada menos que del actual titular de Secretaría de la Defensa Nacional,  General Salvador Cienfuegos al hablar ante los reporteros de la fuente cuando cubrían una ceremonia rutinaria en la fábrica de uniformes militares.
El general dijo tres verdades  que coinciden con lo expresado por muchas otras voces y que se resumen en lo siguiente: a).-  Los militares no están formados para enfrentar la delincuencia. b).- Los balazos no son la solución al reto de la delincuencia. c).-  El gobierno  civil ha sido incapaz y omiso en la formación de cuerpos policíacos confiables. 
Aunque sus palabras bien pueden interpretarse como presión exitosa por cierto,  para que  el Poder Legislativo apruebe el marco jurídico que disminuya los riesgos de procesos penales para soldados y marinos, lo expresado equivale a la admisión de un fracaso histórico. 
 Ayer los tres partidos del Pacto “por México” externaron su determinación de citar a un período extraordinario de sesiones para satisfacer la exigencia castrense,  es decir, como resultado de las palabras vertidas por el General Cienfuegos, en vez de trazar una ruta de retiro gradual a los cuarteles, se allana el camino para que el ejército y la marina  sigan cumpliendo una tarea para la que no son formados.  Un recuento  somero de lo acaecido durante la trágica década que nos legó  Calderón en su inútil intento por legitimarse y tomando a Zacatecas como referencia arroja lo siguiente. 

Verdades que no debemos ignorar
1. -La expansión criminal conocida como “efecto cucaracha”  muestra niveles de planeación sumamente inquietantes que se reflejan en tres hechos verificables, el primero es que se produjo de la periferia al centro,  el segundo  es que se concentra  en el apoderamiento acelerado de negocios al margen de la ley (polleros, fayuqueros, comerciantes de discos y películas piratas, apostadores de peleas de gallos y carreras de caballos, usureros, etcétera) y el tercero es el rápido sojuzgamiento de los cuerpos policíacos municipales y la infiltración de los estatales. 
2. -Los  gobiernos estatales no tuvieron capacidad de reacción y se concretaron a poner en práctica las directrices federales  y a replegar a las policías locales.
3. -Se hizo del gasto público destinado a la seguridad el insumo casi único de la lucha contra el crimen
4. -La prevención del delito se quedó en discurso, sin atender la falta de empleos, la insuficiencia salarial y la exclusión educativa como veneros permanentes del involucramiento en el crimen organizado.
5-Se degradó sustancialmente la capacidad investigativa del delito. 
6-Se abandonó la rehabilitación social de las comunidades penitenciarias.  
7.-Los gobernantes priorizaron su imagen e incurrieron en ocultamientos u minimizaciones que al ser socialmente percibidos liquidaron la credibilidad oficial.
8.- Se tornó habitual criminalizar a las víctimas para atenuar el reclamo social.
9.- La lucha contra el crimen organizado se concentra en los estratos bajos ( halcones y sicarios de ínfima condición social fácilmente reemplazables) dejando intocada la intrincada red de complicidades entre jefes mafiosos y miembros de las élites políticas y empresariales.
10.-La partidización con fines electorales del tema del crimen organizado ha ido a la par de la infiltración de los delincuentes en las elecciones,  siendo esto evidente en las elecciones de Junio  del presente año, dónde se vieron operar del mismo lado a policías y sicarios ( Fresnillo y Pinos principalmente).
11.-Los gobernantes  han dejado indefensa a la población civil no solo ante la delincuencia sino ante los malos elementos del Ejército, la Marina y agentes policiacos federales que comenten abusos.
12 .-La coordinación entre los tres niveles de gobierno para asuntos de seguridad es puro discurso hueco,  ninguno confía en los otros .

Y ahora Trump
La perspectiva inmediata  es más que sombría si se cumple  la promesa  de Trump de deportar a tres millones de mexicanos indocumentados  y de paso  nos convierte  en destino indeseado de cientos de miles de centroamericanos que serán igualmente contenidos por  la impermeable frontera con las que nos amenaza. 
Una retirada abrupta de las fuerzas armadas  del combate al crimen organizado no es opción, pero es en extremo irresponsable que el gobierno civil siga por dónde va, inmerso en la corrupción, incapaz de estar a la altura del desafío.
Mientras no vayan a la cárcel los corruptos de alto nivel, sean gobernadores, generales figurones del sector privado,  el derramamiento de sangre, las desapariciones forzadas, las extorsiones y secuestros seguirán marcando la cotidianidad. Diez años se cumplieron ayer  domingo. 
Nos encontramos el jueves en El Recreo.