×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Historias de Lobos
Mi delito... pelear por mi hijo
Ivonne Nava García 18-03-2017 22:51 hrs

Compartir

×


Compartir



Liga Corta




Un hombre mantiene una relación de pareja con una mujer que es  madre de 3 niñas. Él quería una familia; ella, un esposo.

Su relación duró apenas tres años por los constantes problemas que prevalecían entre ellos. Sin embargo, procrearon un hijo y volvieron su relación aún más conflictiva.
 
La historia
Fuimos compañeros de trabajo. Ella me contaba sus problemas y yo los míos. A ella, el marido la había dejado con tres hijas. Yo deseaba tener una familia. Así se fueron dando poco a poco las cosas. Empezamos a salir como seis meses y luego le dije que si mejor vivíamos juntos; me dijo que sí.

Me empecé a dar cuenta de cómo trataba a sus hijas. Las regañaba mucho y constantemente les pegaba. Hablaba con ella y me decía que de alguna manera se tenían que educar. Luego, duraba tiempo que se calmaba y las trataba bien.

Yo le decía que quería tener un hijo con ella; me dijo que así nada más no podía, que nos casáramos. Acordamos que nos casaríamos el día del bautismo del nuestro hijo.
 
Embarazo complicado
Una cosa que no me gustaba de ella es que tomaba mucho. Le dije que en el embarazo no fuera a tomar pero ella se irritaba. Me decía que necesitaba una copa para tranquilizarse. Pero yo no la dejaba. Se enojaba mucho y teníamos discusiones frecuentemente.

Como al tercer mes de embarazo se le quiso venir el niño. Los médicos le mandaron reposo y eso la puso peor. Los problemas cada vez eran más frecuentes y con muchos gritos. Mi hijo nació de siete meses; lo tuvimos casi un mes en la incubadora porque estaba muy chiquito.

Celos
Cambié de trabajo para ganar un poco más de dinero. Eso la molestó; me decía que si ya no quería convivir con ella, que si andaba con otra… Le expliqué que era por mejorar nuestra situación económica; no entendía razones.

Fuimos sobrellevando la relación; teníamos muchos momentos bonitos cuando estaba de buenas, pero sus celos nos arruinaban todo. Para ese tiempo yo dudaba mucho si debía casarme con ella o no, todo por su manera de ser.

Le dije que yo prefería esperar un tiempo antes de casarnos. Fue una situación muy fea: rompió muchas cosas, me dejó lleno de rasguños, me insultó. Le pedía que se calmara, que estaban sus hijas viendo todo eso y, además, traía al niño cargado; no entendía de razones.

Me gritaba que de seguro era por otra vieja. Empezó a nombrar a las mujeres que trabajaban conmigo. Yo le explicaba que era por su carácter y se puso peor. Ese día opté por retirarme de ahí.
 
Reconciliación
Me llamaba diario al trabajo hasta que me dijeron que las llamadas personales ya estaban prohibidas. Se las ingenió para irme a esperar afuera del lugar donde laboraba. Solo fue dos veces porque me convenció de que regresáramos.

La verdad, extrañaba mucho a mi hijo: los días que no la vi, tampoco vi al niño. Me regresé a vivir con ella y estuvimos bien tres meses.
 
Ruptura definitiva
Las cosas se descompusieron cuando otra vez le dije que no me quería casar con ella: me aventó una silla y, como no me dio, la azotó contra el piso hasta quebrarla.

Las niñas y mi hijo estaban muy asustados; ellas me pedían que me fuera, se volteó contra ellas y les gritó que no se metieran. A mí me juró que si me iba nunca más volvería a ver a mi hijo.

Tuve que salirme y fui a levantar un acta; me decían que levantara una denuncia, pero se me hacía muy feo porque ella es madre y, además, es mamá de mi hijo.

Las cosas se fueron poniendo peor: de nuevo me iba a buscar al trabajo para que regresáramos pero yo le decía que no.

Solo cuento con el apoyo de un hermano y él sabe cómo está toda la situación; él también me aconsejaba que no fuera a regresar con esa vieja. A mí me apuraba mucho como estuviera mi hijo.
 
Cumplir como padre
Le llamé como a los dos meses para decirle que le iba a llevar dinero para el niño. Cuando llegué a la casa no me dejó verlo. Le dejé mil pesos, pero me dijo que no los quería; agarró el dinero y lo rompió. Hacía berrinches como si estuviera loca: azotaba las piernas y los pies, lloraba y gritaba a la vez.

Dejé pasar otro mes para volverla a buscar. Pero fue la misma situación y no me dejó ver a mi hijo. Me fui para el DIF donde me dijeron que tenía que hacer un juicio para poder convivir con él. Como a los dos meses de eso ordenaron en el juzgado que yo debía ver a mi hijo tres veces por semana. Justo los días que el juzgado me indicaba que viera a mi hijo, yo debía estar trabajando. Les fui a pedir que fueran los fines de semana. Ella se opuso dijo que cumpliera con las otras fechas; además, solicitó el 50% de mi sueldo de pensión para el niño.

Cuando podía ver a mi hijo empecé a notar que a veces traía moretones; también lo notaba como retraído y temeroso. Me decía: “Papá malo”. Lo llevaba a comer y pasear. Cuando estaba lejos de su madre, él cambiaba: se ponía contento y juguetón; pero llegábamos a dejarlo y otra vez hacía demostraciones de que no me quería.

Le reclamé eso a ella y, de nuevo, me impidió ver al niño.

Desesperación
El juez le dijo que tenía la obligación de prestarme a mi hijo pero ella hizo caso omiso. Duré casi tres meses sin verlo, hasta que la desesperación me ganó y fui a buscarlo a su casa; le llevé dinero porque yo sabía que dándole dinero a su mamá me lo soltaría.

Le di mil 500 pesos y le dije que lo iba a llevar a comprar unos zapatos; lo llevé a mi casa: ya no pensaba devolvérselo. Era sábado.

El siguiente domingo en la noche ya estaba en la casa con la Policía Preventiva para llevarse al niño. Fue muy feo: los policías me tumbaron en el piso, boca abajo, y entraron a recogerlo. Me llevaron detenido, dijeron que por secuestro y rapto.

Mi hermano llevó a un licenciado y me sacó de ahí. Nada de eso prosperó.

Ese mismo licenciado me dijo que hiciera las cosas bien. Yo le quería quitar a mi hijo. Quiero que me den la convivencia y la custodia total del niño y, si se puede, que ella pierda la patria potestad.

Denuncia por violencia familiar
En lo que se resolvían las cosas, mi hijo seguía viviendo con esa mujer. Cada vez lo veía más mal, sé que ella no está bien de sus facultades mentales.

Una vez que fui a verlo, noté que en su espaldita tenía unos moretones. Él me dijo que su mamá le pegó, se veía tristecillo… . Ella lo niega todo: dijo que en el preescolar le dijeron que el niño necesitaba un psicólogo. Me echó a mí toda la culpa, que porque yo los había abandonado y que por eso el niño estaba así, que él necesita a su padre y a su madre juntos para estar bien.

Mi licenciado aconsejó que le pusiera una denuncia por violencia familiar.
 
Maltrato infantil
A mi hijo le hicieron varios estudios; en los resultados salió que tenía problemas para hablar bien porque sufría maltratos. Además, hizo unos dibujos de la familia y a mí no me ponía y a su mamá la rayaba de negro y le ponía cara de monstruo.

Estamos en trámite para que me den la custodia de mi hijo. Sé que será algo difícil pero no quito el dedo del renglón. Tengo 45 años y quiero recuperar a mi hijito: él es todo lo que tengo.

Consecuencias del maltrato infantil
Para controlar sus miedos, es posible que los niños que viven en un ambiente de violencia repriman sus sentimientos. Este mecanismo de defensa los afecta en su vida inmediata y puede causar un desarrollo patológico al largo plazo.

Los golpes, generalmente, producen daños físicos, pero a su vez el castigo envía mensajes psicológicos destructivos para las víctimas, ejerciendo un impacto en áreas críticas del desarrollo infantil, con perjuicios en el presente y a futuro en su desarrollo social, emocional y cognitivo.

El carácter traumático del pánico, el terror, la impotencia, las frustraciones severas acompañadas de dolor y del carácter impredecible del comportamiento del adulto agresor, constituyen secuelas psicológicas que se manifiestan de las formas siguientes:

a) Muy pobre autoestima: los niños maltratados se sienten incapaces, tienen sentimientos de inferioridad, lo que se manifiesta en comportamientos de timidez y miedo; o, por el contrario, con comportamientos de hiperactividad tratando de llamar la atención de las personas que les rodean.

b) Síndromes de ansiedad, angustia y depresión: se manifiestan en la víctima trastornos del comportamiento como angustia, miedo y ansiedad; se alteran cuando un adulto se acerca a otros niños, especialmente si lloran; presentan problemas de atención, concentración y tienen dificultad para comprender las instrucciones que se les imparten.

Desarrollan sentimientos de tristeza y desmotivación, pudiendo llegar a un estado anímico deprimido, comportarse de forma autodestructiva y pueden llegar a la automutilación.

Los niños maltratados físicamente son más agresivos con otros niños y presentan altas tasas de conductas hostiles, como patear y gritar. Son destructivos con desviaciones en la conducta prosocial.

c) Desorden de identidad: el niño golpeado puede tener una mala imagen de sí mismo, puede creer que él es la causa del descontrol de sus padres, lo que le llevará a auto representarse como una persona mala, inadecuada o peligrosa.