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Historias de Lobos
Mi delito... actuar con coraje
Ivonne Nava García 11-06-2016 23:34 hrs

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Liga Corta




En un estado de grave conmoción emocional una persona puede hacer cosas que generalmente no haría.
Cuando siente que su vida, integridad u orgullo, o la de alguien que es significativamente especial para ella está en peligro, puede reaccionar de manera muy irracional, motivada solamente por la adrenalina, causando mucho daño del que luego se arrepiente. 

En esta historia un hombre priva de la vida a otro por el hecho de ser humillado y por sentir que perdía las tierras que le heredaron sus familiares.

Era sábado 

Ese día era un sábado de julio, ya habíamos acabado las labores y estábamos terminando de guardar a los animales. Yo me fui para mi casa y me encontré a un compadre. Me dijo que si le daba aventón y le dije que sí, pero que si me acompañaba a echarnos una cerveza a la tienda; también dijo que sí. 

Poco a poco se fueron juntando otros señores de ahí del rancho en la tienda de doña Anita. Estábamos afuera recargados en las trocas y otros sentados en la banqueta. Estuvimos un buen rato.

Ahí en el rancho muchos somos familia y de los que estábamos ahí tres teníamos pleito con unos primos por unos terrenos que mi abuelo nos había dejado. Había confusión de ellos, porque decían que su papá se los había comprado a mi abuelo, pero mi abuelo se los heredó a partes iguales y ellos estaban aferrados a que no era así. 

Mejores tierras

Esas tierras que tenía yo con mis hermanos y otros parientes estaban mejor ubicadas porque las atravesaba un arroyo y además mi abuelo ahí había hecho el pozo. 

Las tierras de ellos estaban como en el cerro, o sea más para arriba y sí se le batallaba para el agua. Aquí no nos poníamos de acuerdo porque ellos querían las tierras y nosotros les decíamos que agarraran agua de aquí, pero ellos decían que estaba muy difícil subir el agua hasta allá. 

Luego nos propusieron que un año sembráramos arriba y ellos abajo y otro año al revés. No se pudo porque luego ya no nos iban a querer regresar las tierras, entonces no aceptamos eso. 

Para evitar más complicaciones así lo dejamos. Pero además había problemas porque los animales de ellos pasaban por las tierras de nosotros para llegar al arroyo, el detalle es que los animales no agarraban por la vereda sino que atravesaban muchas veces nuestros sembradíos y se iban tragando los retoños.

Graves problemas

Les reclamamos muchas veces que cuidaran a sus animales. Ellos tenían un vaquero que les arriaba a los animales, pero era muy borracho y se quedaba dormido debajo de los huizaches. 

Esa vez tocó sembrar cebada y a las vacas les gusta mucho. Había que cuidarlas más para que no se tragaran los retoños, pero el vaquero las dejó a la buena de Dios y en lugar de irse por la vereda se metieron a la labor. 

Hicieron mucho destrozo, dejaron unos brotes pisados y otros todos masticados. Nos fuimos a reclamar a los primos y ellos se molestaron mucho y nos hicimos de palabras. Uno de plano se nos fue encima y otros nos tiraron piedras. 

Salimos todos descalabrados y no se arregló nada. Esa ya la traíamos. Como a los 21 días de eso volvieron a meterse los animales a la labor, pero les echamos a los perros y se les desbalagaron los animales. 

Entonces ellos vinieron muy molestos a cobrar unos becerros que según se les habían perdido en el monte por nuestra culpa, entonces nosotros los mandamos a la fregada. No se iban a quedar así. 

Otra vez empezaron con las agresiones y nos hicimos de golpes de nuevo. A mí ya me la tenían que pagar por las descalabradas del otro día, así que no tuve miramientos y les asesté unos golpes con unas piedras. Esa vez iba una vieja de ellos, pero para que se metía, sin querer también salió golpeada.

Se calmaron un tiempo

De esa vez las cosas se calmaron un tiempo, hasta ese día que estábamos en la tienda de doña Anita. No me imaginé que fueran a llegar ahí. 

Después, nos dijeron que andaban buscando la oportunidad para llegarnos otra vez, sobre todo a mí que fui el que le pegó a la vieja, pero yo le juro que ni cuenta me di que era ella porque todos nos habíamos lanzado a los golpes, hasta que estaba chillando ya nos fijamos que ella también se había metido al pleito. 

Llegaron a la tienda y ni las buenas noches dieron. Nosotros estábamos afuera y ellos estuvieron un rato tomando cervezas adentro. Ya para cuando dijimos que nos fuéramos serían como las 8. Se metió un primo a la tienda para dejar los envases y en eso salieron estos a echar pleito. 

Empezaron a decir mentadas, que si nos creíamos muy chingones. Luego me la empezó a echar a mí, que yo se la pelaba y empezó a decir cosas de mi mujer, que él era más hombre y que yo qué ya se la había hecho a su mujer muchas veces, que ella quería a un hombre bien bragado. 

Me empecé a enojar cada vez más. No aguanté y me le dejé ir. Le decía que se callara y nos hicimos de muchas ofensas muy fuertes. Cuando me dijo: “te la voy a quitar y la voy a hacer mía”, solo podía pensar en mi mujer y en que la estuviera tocando éste. 

Se cegó

Todo lo empecé a escuchar como si estuviera abajo del agua, no pensaba en nada. Luego me dijo: “me voy a quedar con tu vieja y con tus tierras, no voy a descansar hasta que sean mías”. 

Solamente pensaba en matarlo, quería arrancarle la lengua para que ya no hablara. Nos estábamos golpeando y él me seguía diciendo lo mismo. Los otros decían que nos calmáramos porque sí se puso fea la cosa, hasta que nos pudieron separar. 

Yo sentía que me hervía la sangre, no podía del coraje. Sentía que el corazón se me salía y la boca me sabía a sangre. Tenía ganas de llorar, pero yo sabía que quería verlo muerto. Nos subimos cada quien a sus trocas, la de ellos estaba más lejos. 

Lo único que yo podía pensar era que nadie podía ofender así a mi mujer. Me le dejé ir en la troca, quería matarlo con la troca. Mi compadre le dio el volantazo y quedé arriba de unas piedras, me bajé pero ya había agarrado el azadón. 

No sé cómo pasó, porque no me acuerdo de eso, solo me acuerdo que lo vi tirado con mucha sangre. Entonces empecé a escuchar que todos gritaban, “lo mató, lo mató”. Me quise ir en la troca, pero estaba reventada una llanta en las piedras, así que me fui corriendo y llegué al monte. Caminé toda la noche. 

Arrepentido

Sentía frío y empezó a llover, estaba caminando nada más pensando en que era de mi sangre; que había matado a alguien de mi sangre. También pensaba en mi mujer, me daban celos y mucho coraje pensar que ella me hubiera faltado. 

Estaba como loco y no sabía qué hacer, pensaba en irme a entregar, luego pensaba en que mejor me iba a ir de aquí; pensaba en todo, en mis tierras, en mis hijos y en todo. Me daba más coraje con él yo le echaba la culpa a él. Luego me arrepentía de no haberme ido luego luego. 

Llegué a la casa de mi compadre. Me dijo que sí se había muerto y que sus hermanos me andaban buscando para matarme. Le pedí dinero prestado y le dije que se lo cobrara con unos animales, que le encargaba a mi mujer y a mis hijos, que luego iba a mandar por ellos. 

Todo se paga, todo este tiempo no he podido vivir tranquilo, ni vivir bien. No tuve el valor de entregarme hasta que fueron por mí. 

Estado de conmoción 

Es un trastorno mental transitorio, incompleto, emocional. En otros términos, se trata de un estado crepuscular emocional. Si bien expresa una severa alteración afectiva, no alcanza a constituir un estado de alienación mental.

Es una figura médico-forense que se caracteriza por hallarse integrada por tres clases de elementos: biológicos, jurídicos y cronológicos.

El requisito clásico es que la reacción debe ser inmediata a la provocación, es uno de los elementos cronológicos exigidos desde un principio, “el arrebato pasional (utilizando el término como sinónimo de emocional), debe coincidir con el acto delictuoso. Éste es una consecuencia inmediata de aquel, y, por ende, de su causa.