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El Día del Señor
Maternidad divina de la Virgen María 
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 01-01-2017 15:59 hrs

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Introducción

Hoy da comienzo el 2017 y el primer día de este año, en nuestra liturgia eucarística católica, celebramos con fe rendida la solemnidad de María Virgen, madre de Jesucristo. Junto con esta verdad, en este día, dentro del tiempo de la navidad, se dan otros aspectos dignos de consideración: la octava de la navidad, circuncisión y el nombre de Jesús, jornada mundial de la paz. Pero estos aspectos tienen como centro vital, precisamente la solemnidad de la maternidad divina de la Virgen María. Por esta maternidad, la persona de María ha quedado, en el plan de la salvación, estrecha y definitivamente asociada a la persona y a la obra redentora de Cristo. Poniéndonos bajo el amparo de María, encomendémosle nuestras vidas  en el comienzo  del año civil, para que en todo él, crezcamos en la fe, la esperanza y el amor a Cristo, salvador de los pueblos y luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

La maternidad divina de María

Indudablemente, esta verdad, es el centro de este día, como se destaca en las oraciones de la misa y en la segunda lectura. Teniendo en cuenta la enseñanza del Beato Papa Pablo 6 en su documento Marialis cultus, nos dice: “el tiempo de navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal y salvadora de María… La solemnidad de la maternidad de María se destina a celebrar la parte que ella tuvo en el misterio de la salvación y a exaltar  la singular dignidad de que goza la madre santa, por la cual merecimos recibir al autor de la vida” ( MC 5).

 
Por otra parte, el concilio de Éfeso (a. 431), confirmando lo que ya creía y confesaba el pueblo cristiano, definió como dogma de fe que María es “madre de Dios”. Esta definición dogmática, puso fin a la controversia doctrinal suscitada por Nestorio, quien entendía la encarnación del hijo de Dios, como si el hombre nacido de la entraña de la Virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo, fuera una persona más en el orden natural, sin estar propiamente unida a la persona única y divina del verbo, hijo del padre. Se afirmó claramente que Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre tiene dos naturalezas realmente distintas; la divina del verbo y la del hombre nacido de María, pero posee una sola persona que es la del hijo y en ella subsiste y está unida la naturaleza humana. De esta manera se concluyó que la Virgen María es verdadera madre de Dios, puesto que su maternidad a través del hombre gestado y dado a luz por ella, se termina  en la misma persona divina del hijo de Dios encarnado.


La maternidad divina de María desde el ángulo de su fe

San Agustín de Hipona (354-430), ha enseñado muy certeramente, que la Virgen María gestó fecundamente a Cristo, hijo de Dios, primeramente en su seno de fe y a partir de allí en su seno materno. Esto nos lleva a descubrir, que todos los creyentes en Cristo, debemos concebirlo en nuestra entraña de fe, como lo fue en María y que Cristo está en nuestras almas por la maternidad de María con relación a su maternidad de Cristo. En María se da una doble gestación y un doble alumbramiento de Jesucristo. Primero en su entraña de fe y por ello en su entraña  o seno virginal. Esta doble gestación y alumbramiento hace posible, en el orden de la gracia, que Jesús se forme en nuestras almas por la fe que él nos da en compañía de su madre. Ella colabora maravillosamente para que Jesús se forme en nuestra entraña de fe y lo demos a los demás con las obras que fecundamente han de dar testimonio cristiano de que Jesús vive y actúa en nuestras almas y nuestras obras. De esta manera podemos entender mejor la maternidad divina de María para con Cristo y para con nosotros los cristianos, hombres y mujeres de fe.

Maria por su maternidad divina y humana, es mediadora de gracia para los cristianos

Debido a su maternidad divina, María es también madre espiritual de los cristianos; es decir madre de la Iglesia que ha fundado su hijo hecho carne en ella y por ella, siendo fiel al anuncio del ángel acerca de su maternidad. María es puente de mediación entre Dios y la iglesia. Los que creemos en Cristo, somos suyos bajo los cuidados de María. Ella es abogada, corredentora, auxilio, consoladora de los afligidos y refugio seguro para los pecadores arrepentidos que imploramos de ella las ayudas de la gracia y el perdón que nos consigue de Dios y el hijo encarnado y con la plenitud de la energía del Espíritu Santo.
 
Todo lo anterior fundamenta nuestra devoción a maría en esta solemnidad. ¡Que ella nos acompañe siempre, para que su hijo Jesucristo sea nuestra luz, consuelo y camino para llegar hasta Dios, caminando seguros con su compañía, su ternura y amor de madre bendita!
 
*Obispo Emérito de Zacatecas