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Perspectivas
La voz de alarma de Agustín Carstens
Luis Enrique Mercado 04-09-2016 20:47 hrs

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Los que saben dicen que lo que mata no es la bala sino la velocidad que lleva. Y este es precisamente lo que asusta a Agustín Carstens, el gobernador del Banco de México sobre la deuda de México, no el saldo, sino la velocidad con la que crece.

Es seguro que lo que dijo el banquero central en la presentación del informe de Banxico sobre la evolución de la economía en el segundo trimestre del año, no cayó nada bien a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
En esencia, Carstens encendió la luz amarilla sobre la evolución de la deuda y eso fue como una patada en el estómago de Hacienda, que sin duda está realizando esfuerzos para contener el endeudamiento del país.

La verdad es que el saldo de la deuda mexicana no es grave:  a junio del 2016 de endeudamiento total el país representaba apenas el 51.9% del Producto Interno de México. Es decir, somos el país menos endeudado de la OCDE.

Sin embargo, lo cierto es que la velocidad con la que crece la deuda es alarmante; y no en este sexenio, sino en los últimos 9 años.

Con Felipe Calderón, donde uno de los secretarios de Hacienda fue precisamente Agustín Carstens, el endeudamiento aumentó 207.7%, en tanto que en los primeros tres años y medio de este sexenio la deuda ha crecido 48%.

La razón es la misma de siempre, en México no se recaudan suficientes impuestos para financiar el gasto público y en la época moderna la diferencia se ha cubierto, en parte con los ingresos petroleros y en parte con endeudamiento.

Cuando los ingresos petroleros se caen, como ha sucedido en este sexenio, el único camino ha sido recurrir a la deuda, aunque hay que reconocer que este gobierno también le ha metido tijera al gasto público y que usó la utilidad del Banco de México para reducir deuda en lugar de usarla como gasto.

Desde luego, estamos lejos de una crisis económica causada por endeudamiento como sucedió en 1982; pero los banqueros centrales son como el lado más prudente de un gobierno y ven fantasmas antes que los demás y de ahí las expresiones de Carstens sobre el endeudamiento.

En este momento y para los próximos dos años cuando menos, el problema de México no será la deuda; el problema es que hay necesidades crecientes de gasto frente a una insuficiente recaudación fiscal.

Las alternativas son ahondar y ser más precisos en los recortes del gasto público para aliviar presiones y dar señales claras de un compromiso con la estabilidad, en lo que los tiempos políticos abren espacios para realizar una reforma tributaria que permita aumentar paulatinamente la recaudación de impuestos.

Por lo pronto hay que reconocer que este gobierno ha manejado las cosas con prudencia con una mezcla de endeudamiento y recortes al gasto que permiten que las cosas se puedan mantener en un equilibrio que no puede ser eterno, porque cualquier evento externo y hay mucho peligro por ahí, puede romper las cosas.

Agustín Carstens tendrá que seguir elevando la voz de alarma y quien esté en la Secretaría de Hacienda tendrá que aguantarse.

Hasta el próximo lunes con nuevas…PERSPECTIVAS