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El Día del Señor
Jesucristo, rey del universo y la clausura del año jubilar de la misericordia
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 19-11-2016 21:41 hrs

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Liga Corta




Cortesía /

Introducción

Hoy, concluye el año litúrgico en que hemos ido celebrando el misterio de Cristo. La Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, corona ese recorrido de la vida del Señor.

La lectura evangélica de este domingo, enmarca la realeza de Cristo en el contexto de su muerte salvadora. Jesús reina desde el trono  de la cruz, según sus propias palabras: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”, todo esto formula una pregunta inquietante: ¿Qué clase de soberanía es la de Cristo, si se afirma en una situación tan humillante para él?

En algunas ocasiones las gentes que constataron los milagros de Jesús a favor de la certeza de su Reino, intentaron proclamarlo Rey, pero con un criterio puramente humano. Jesús nunca aceptó ser Rey como lo entendían las gentes con las cuales el trató.

Únicamente ante Pilato que lo interrogaba, qué clase de Rey era, de acuerdo al sentir de muchos que así lo entendían, Jesús aceptó el título de Rey afirmando de inmediato, que su Reino no es de este mundo en el sentido, político, social y de poder terreno; su Reino es trascendente y situado en la línea de la salvación conforme a la voluntad de su Padre quien lo envió como Mesías, redentor y salvador del género humano y del universo creado por Él como Dios, Hijo del Padre eterno y con el poder del Espíritu Santo.

Características del Reino de Cristo Rey

Teniendo en cuenta la primera lectura del segundo libro de Samuel, en la cual se nos revela de qué manera fue exaltado David para ser rey de las 12 tribus de Israel en Hebrón y  por esto mismo ser figura de Cristo Rey en la plenitud de los tiempos mesiánicos, en el sentido trascendente para la historia de la salvación y para el “más allá”.

Precisamente, el Prefacio de esta solemnidad de Cristo Rey, siguiendo la revelación a  través de la Iglesia bimilenaria y su magisterio, se nos dan las notas características del Reino de Jesús:
“Damos gracias al Padre eterno, porque ha ungido con el óleo de la alegría, a su Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, como Sacerdote eterno y Rey del universo, para que ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz , consumara el misterio de la redención humana; y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a su majestad infinita un Reino: Eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida; Reino de la santidad y de la gracia; Reino de la justicia, del amor y de la paz”.

He aquí en forma breve, concisa y profundamente doctrinal: El misterio de Cristo Rey del Universo.

El misterio de Cristo Rey del universo y la conclusión del año jubilar de la misericordia y el perdón

Nuestro Papa Francisco, atinadamente, proclamó para toda la Iglesia Universal, el Año Jubilar de la Misericordia, que  proclamó y tuvo su inicio en su apertura al abrir él mismo, la Puerta Santa de la gran Basílica de San Pedro, el 8 de diciembre del año pasado,  y en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Este Año Jubilar concluye ahora, con esta magnífica solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.
Con este Año, el Papa ha querido abrir la gran puerta de la misericordia y el perdón divinos para todos los católicos, cumpliendo con los requisitos para ganar las indulgencias plenarias para la remisión de penas temporales que no han sido perdonadas por el sacramento de la reconciliación o penitencia y que no se han liberado en este mundo camino a la vida eterna.

Como bien sabemos, el  sacramento de la reconciliación borra, en los pecadores verdaderamente arrepentidos, los pecados graves, mortales y veniales, cometidos después del bautismo; pero con el compromiso de ofrecer obras de misericordia, trabajos y sacrificios que borren las penas temporales.

Si éstas no se liberan, por descuido, negligencia o ignorancia al morir tienen que expirase en el purgatorio, para luego acceder al gozo pleno y eterno del Reino de Dios en el cielo y para la vida eterna.

Las indulgencias plenarias para la remisión de las penas temporales en esta vida pueden aplicarse para sí mismo, o bien aplicarlas por las personas  de los muertos que purgan esas penas en el purgatorio y aplicarlas en concreto por familiares y amigos en particular e individuamente.

Estas indulgencias plenarias, debieron haberse ganado ya durante el Año Jubilar de la Misericordia y el Perdón, con las condiciones que la Iglesia pide: Confesión en el Sacramento de la penitencia; haberse confesado oportunamente y recibir la eucaristía dentro de las misas y entrando por la puerta principal de nuestra Catedral en Zacatecas; Templos Parroquiales, Templos; Santuarios y Capillas con el Smo. Sacramento en toda la Diócesis.

Rezar el Credo, un Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre por las intenciones del Santo Papa. Para los enfermos que ya no pueden salir de sus casas, o están en los hospitales, estas indulgencias se pudieron ganar en el lugar donde están recibiendo atenciones curativas y con la confesión sacramental y recibiendo la eucaristía.

Ofrecer sus penas y dolores que son como penas temporales que se pudieron remitir durante el Año Jubilar de la Misericordia.

Conclusión

El Año Jubilar de la Misericordia, ha sido una oportunidad y gracia más para el encuentro con Cristo, su Iglesia y para el mundo en el cual vivimos, con sus exigencias de paz, comunión fraterna y servicio eficaz para ayudarnos en los trabajos, profesiones y actividades de toda clase.
Su espíritu debe hacernos crecer con la conciencia de que Dios no quiere la muerte de los pecadores, sino que nos convirtamos y vivamos como Jesús, quien no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida por todos.

*Obispo emérito de Zacatecas