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Cartas desde el exilio
?Jaco: una tragedia dionisiaca
Miguel G. Ochoa Santos 29-05-2016 22:38 hrs

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Liga Corta




Debemos un agradecimiento a Robert Trujillo por lanzarse a la tarea de producir un documental sobre un artista original y prodigioso que revolucionó la forma de considerar el bajo eléctrico. Se trata de un homenaje a Jaco Pastorius, hecho por un destacado bajista metalero.

Jaco fue un músico tan potente como efímero a causa del mal psicológico que lo hundió tempranamente en una cruel soledad y desdichada locura. Su agresiva bipolaridad lo abismó en el caos destructivo y cercenó un destino que pudo ser aún más glorioso y fructífero de lo que ya había alcanzado a los 36 años de vida. Podría afirmarse que Pastorius fue, en realidad, el instrumento a través del cual la música proliferaba sin cesar, expandiendo el campo de posibilidades del instrumento electrónico y del propio género jazzístico. 

Transformó el bajo en protagonista de las obras, destruyendo la función convencional de acompañante rítmico y armónico que la tradición le atribuyó. Son ya memorables las líneas melódicas que interpretó o compuso a lo largo de su trayectoria. Dona Lee fue un ejemplo de maestría en la ejecución, tomó la compleja melodía de Charlie Parker para transgredir los límites de lo posible, desarrollando improvisaciones jamás imaginadas por los bajistas anteriores a él.

Su primer disco en solitario mostró la vena plural de las influencias, gustos y elecciones de Jaco. Fluyó virtuosamente sobre las olas de los patrones funkeros. Deslumbró con la aplicación ingeniosa de la técnica de producción de armónicos y falsos armónicos en el bajo, como ocurre en Portrait of Tracy. Explotó la rítmica cubana y configuró melodías entrañables.

Pero fue su excepcional participación en el grupo Weather Report el suceso que lo encumbró y lo transformó en un artista de culto. Al lado de figuras de peso, como Joe Zawinul y Wayne Shorter, potenció su capacidad poética y amplio el espectro de estilos hasta entonces vigentes. Pero Jaco sucumbió a la fama, la enfermedad y la frágil arrogancia del genio.