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Cosas de Jerez
Hay partidos “chamaqueados” por tranzas de la política
Javier Torres Valdez 14-03-2016 20:29 hrs

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Liga Corta




Empezaré diciendo que no simpatizo con Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como AMLO o El Peje, ni con su modo de hacer política;obsesionado con la idea de llegar a Presidente de la República, dentro de un grupo de izquierda muy sui generis.

Debo decir también que las protestas de los grupos que se la han “rifado” por su partido, sea este de cualquier color y praxis política, me parecen justas.

Digo esto cuando sucede que los saltimbanquis de la política, cuando por su propia inestabilidad, no logran obtener una nominación para un puesto de elección popular, saltan y aprovechan cuando algún instituto les abre los brazos para arrojarse en un coloquio amoroso, con quienes les abren la puerta y los postulan, haciendo a un lado a esos para quienes tradicionalmente trabajan  sin declinaciones, ni abandonos, ni traiciones.

Y como modesto periodista pueblerino, apruebo la protesta que en su cara recibió López Obrador de parte de los que han trabajado y, pese a ello, fueron desconocidos por el trío de los morenos: El Peje, Ricardo y David Monreal, para elegir como candidata a diputada a Alma Coronel, desertora del PRI de sus amores, tan solo porque no fue escogida para contender en el proceso electoral en puerta.

Algo similar le sucedió a Gerardo Espinosa, quien también tiene sentimientos y corazoncito. Por lo que huyó de los resplandores del sol azteca, que lo tostaron hasta volverlo moreno.

Y mire usted, no son lo mismo  las alianzas políticas que el “saltimbanquismo” oportunista en el que, como preámbulo, se menciona: “Yo puedo declinar a favor de tu candidatura, pero yo y mi gente; ¿dónde quedaríamos? 

De ahí deriva el enrolamiento en el supuesto de que los votos de su grupo serán para quien acepte postularlos.

No cabe duda que algunos partidos son “chamaqueados”, a través de la “tranza política” de los que a todo se atreven y que cambian de ideología como cambiar de calzones.

Sin embargo, la verdad debe ser dicha: quienes carecen de  una buena fama política, no piden en sus rezos que Dios les dé, sino que los ponga donde hay y, de lo demás, ellos mismos se encargarán, pues sepa usted que el prestigio y la buena fama no se comen. En cambio, como decía el primer presidente panista de Jerez, “con dinero baila el perro”.

Sabida es la veracidad de Aristóteles cuando mencionó que el hombre es un animal político,  pero le faltó mencionar que la política es adictiva y que cuando alguien participa con éxito, jamás se apartará de esa senda, retornando una y otra vez. Ejemplos hay por cientos.

El juego del ajedrez es uno de los que más se asemejan a la política, en donde los actores principales son las piezas de la retaguardia; son los que ganan o pierden, sacrificando muchas veces a los peones, que con su muerte contribuyen a la victoria o la derrota.

Los peones son los primeros que desaparecen, para que alfiles, caballos y torres ganen el torneo,.

A veces, las piezas principales no se sacrifican, sino que se cambian por otras de igual o mayor valor, según la estrategia del juego.

En el juego de Morena fueron sacrificadas aquellas personas que han trabajado por lo que creyeron en el partido recién fundado.

Pero, ni hablar…. así son las cosas de la vida y de la política. Muy a la mexicana.