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Cartas desde el exilio
Galimatías español
Miguel G. Ochoa Santos 07-02-2016 20:36 hrs

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Tengo un especial cariño por España, porque tuve la fortuna de estudiar el doctorado allí y gozar de una sociedad cuyo vitalismo y amor por la vida integral es muy escaso en otras latitudes. Llegué a Madrid en 1992, una época de crisis económica, no tan aguda como la que hoy se resiente. El desgaste del gobierno socialista aparecía con los excesos políticos vinculados a los casos de corrupción.  

Felipe González perdía fuelle y el candidato de la derecha aprovechaba el malestar para lanzar una estrategia de acoso y derribo, que dejaba herido de muerte al presidente y al partido socialista. Aún recuerdo aquel primer debate entre Felipe y José María Aznar, el primero mostró agotamiento y falta de reflejos políticos, mientras que el segundo lo vapuleó sin piedad, atacando la impericia gubernamental para atajar el declive económico y erradicar las corruptelas socialistas. El presidente oía con azoro a Aznar repitiendo una tonadilla que entonces se volvió viral, gracias al apoyo de los medios informativos ligados a la derecha española: ¡Váyase, señor González!

A pesar de la adversidad, Felipe se repuso en el segundo debate y ganó por los pelos la contienda electoral al candidato del Partido Popular. Sin embargo, la cantaleta de Aznar permaneció cuatro años más en el espacio mediático, junto a una crisis que no se resolvía con la celeridad requerida. La siembra del encono y la inercia negativa del gobierno socialista desembocaron en una derrota contundente, Aznar asumió la presidencia en 1996 y Felipe González tuvo que abandonar el teatro político, después de encabezar durante 14 años ininterrumpidos el gobierno de España.

Hoy, Mariano Rajoy vive una experiencia similar. La crisis es más profunda, como también la corrupción del Partido Popular. Casi tres de cada cuatro españoles han votado en contra de esa opción derechista, pero la imposibilidad de cambio se ve obstaculizada por la fragmentación del sufragio opositor. Conformar una mayoría para gobernar se ha convertido en un galimatías.