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Una mirada al mundo
Fresa zacatecano
Ricardo González 30-03-2016 21:42 hrs

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Liga Corta




Las constantes críticas a casi todos los artistas que participaron en el 30 Festival Cultural provocaron varias reflexiones, las cuales trataré de enunciar en el texto.

La cultura zacatecana del siglo 21 que se observa entre la población de 35 a 15 años, de clase media baja hacia arriba, es la cultura del “güey”, del “no mames”.

Lo importante es lo que se ve; acudimos a ciertos lugares para ver y ser vistos. El día marca los lugares de moda, la fiesta inicia con los jueves –por aquello de los estudiantes universitarios-, viernes de trago ligero y sábado de “antro”.

El joven zacatecano inunda los jueves el Centro Histórico. Los lugares son variados; lo común son los precios accesibles a las bebidas espirituosas que ofertan.

El viernes lo ganan dos lugares tipo terraza cuya característica principal es que se localizan fuera de la zona Centro y están en el corazón económico.

Del sábado ni hablar; la oferta se reduce: un lugar amplio contiguo de las instalaciones de feria, otro nuevo en el centro.

La cultura de lo superfluo se ha impuesto, casi nunca nos preguntamos de los porqué de nuestro actuar.
Vamos a Jerez, bebemos cerveza como si el mundo fuese a terminar al día siguiente. Coreamos al mentado Maluma, asistimos en montón.

Los más fresas beben “champú”, que es un champán de marca Möet –por cierto, el más popular, no el más caro-.

El zacatecano promedio anda bien vestido –hombre o mujer-, por lo general entre mejor se viste menos dinero trae en su cartera, pues recordemos lector que es sólo una pose.

Hace unos días, unos compañeros de parranda me dijeron “naco” por corear alguna canción y uno que otro actuar.

Los que pronunciaron esos adjetivos caben perfectamente en los estereotipos que acabo de esbozar arriba. Pensé, por el temor al qué dirán y a la falta de solvencia económica, jamás harían un viaje de mochilazo por Europa.

He bebido tinto en París; Chianti, en Florencia; Fernet, en Roma, y buena cerveza, en Múnich y Berlín, además de unas deliciosas cañas (cerveza), en Madrid.

He disfrutado como niño del mezcal en Oaxaca; del aguardiente, en Managua y del ron, en la Riviera Maya.

Disfrutaré siempre como loco del mezcal zacatecano, no sólo por lo alcohólico que hay en mí, sino porque comprendo muchas de las implicaciones culturales que esa práctica conlleva.

No critico la asistencia masiva a ciertos eventos, ni el borreguismo de las modas en el vestir, el decir, el actuar.

Simplemente me gustaría que hiciéramos el intento de comprendernos en una cultura amplia, compleja.

La riqueza de cultural de nuestro Zacatecas siempre será un gran orgullo, valoremos lo que tenemos.