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Cartas desde el exilio
Fofisanos
Miguel G. Ochoa Santos 08-05-2016 23:50 hrs

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Liga Corta




El aumento alarmante de la obesidad tiene preocupadas a algunas élites de Occidente, no tanto por su incidencia en la salud de los ciudadanos, sino por los onerosos costos económicos que conlleva para las arcas públicas de los países afectados. Diseñar y aplicar políticas efectivas para revertir este panorama no es sencillo, debido a que los empresarios de las industrias alimenticias son reacios a modificar sus productos más tóxicos.

De ahí que las presiones ejercidas por parte de este sector hacia los gobiernos y legisladores sean brutalmente desmesuradas, incluso coercitivas. Además, cada día demuestran con actos impresentables que la cantinela de la neutralidad científica es una verdadera ilusión óptica. Los conglomerados de la nutrición venenosa han gastado fortunas en investigaciones hechas a la medida para refutar mañosamente, y con supuestas certezas incontestables, el efecto negativo que los ingredientes de sus mejunjes producen en el organismo humano.

En Estados Unidos han logrado desviar la atención financiando campañas para cargarle las tintas al ejercicio, como medio para evitar el embarnecimiento corporal. Esto ha generado una nuevo espejismo oftálmico y, claro, un inédito nicho para la irrupción veloz de los negocios de tortura de los cuerpos, conocidos coloquialmente como Gyms.

Y los gorditos y las gorditas del mundo, zombificados por la propaganda saludable, ingresan masivamente a estos modernos centros de mortificación con la esperanza de rebajar kilos a granel y tallas a raudales.

Mas el engaño se revela cuando éstos perciben que se requiere correr un par de horas a una velocidad de 8 kilómetros, para apenas quemar el combo de hamburguesa, papas fritas y chesco que se endilgaron en la comida o en la cena. ¡Hasta la vista, baby!

Ese jaleo oficial del “¡Chécate, mídete y muévete!” es una patraña colosal, pero no hace olas al negocio de la desnutrición rampante. Deschatarrizar la alimentación es una tarea compleja y valiente, hace falta ilegalizar ingredientes nocivos, como las grasas trans, penalizar y educar con información veraz a los ciudadanos.