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Cartas desde el exilio
?Espiritualismo inane
Miguel G. Ochoa Santos 22-05-2016 19:25 hrs

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Liga Corta




La colonización dineraria de la vida ha provocado el advenimiento de una espiritualidad burguesa tan ligera como meliflua. Se trata de una sensibilidad hecha a la medida de la utilidad práctica y la inocuidad ideológica, elaborada con unas gotitas de amor cósmico y una pizca de energía interior.

Quererse y cuidarse a uno mismo es el núcleo de este nuevo narcisismo tribal, que sólo ve de reojo la ruinas que la modernidad capitalista va dejando a su paso, sin preocuparse por el origen de la catástrofe. Acaso por ello, las toneladas de libros de autoayuda llenan los anaqueles de las librerías, arrinconando las obras inteligentes en los márgenes del espacio lector.

Cultivar el alma, por ejemplo, a partir de la correcta, rítmica y enfocada respiración es un principio de gran beneficio, su rédito es inmediato y el gasto energético, ínfimo. Sobre todo porque nos evita las penurias de leer y pensar hondamente, y también proporciona una receta maravillosa para olvidar el barullo clasista que proviene del exterior.

Lo mismo ocurre con la técnica de la meditación, cuya sobreexplotación mercadotécnica ha dejado más vacío al vacío que se anhela conquistar. Sin cultura, el hiato espiritual tiende a llenarse de ocurrencias insulsas y dogmas casquivanos, tan tontorrones como aquel anuncio del artilugio de Ninel Conde, cuya promesa de rebajar el perímetro barrigal en 10 centímetros es un verdadero canto a la tosquedad.

Los medios informativos se han transformado en un mercado fantasmagórico donde desfilan pócimas mágicas, rituales expiatorios y sanadores del ánimo. Todas los esfuerzos se vuelcan hacia el interior de la persona, porque allí reside el mal y la enfermedad. Día a día, nos recuerdan que el cambio exterior es un epifenómeno de la transformación de nuestro espíritu. 

Por tanto, la injusticia, la estupidez, la corrupción y la desigualdad únicamente serán derrotadas por los heroicos individuos que hayan alcanzado la iluminación desde el interior. Mientras tanto, el desastre avanza sin adversarios.