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Cosas de Jerez
Escenario, costumbres y tradiciones. Pregoneros y gritones
Javier Torres Valdez 29-08-2016 23:04 hrs

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Una de las viejas escenas pueblerinas que ya no volveremos a ver será la de los pregoneros, esos pintorescos personajes de la década de los cincuenta que recorriendo las calles anunciando su mercancía  con potentes gritos, pues por aquellas fechas, los equipos de sonido aunque ya existían eran prácticamente desconocidos.

Recuerdo aquel viejecito de blanca y tupida barba, que con una “batea” sobre la cabeza vendía “las cabezas tatemadaaaass...”.

En aquellos ayeres existía una “matanza” de chivos y borregos por la calle García Salinas, propiedad de unos señores de apellido Prieto, quienes entregaban a las curtidurías jerezanas los cueros, enviaban la carne a Zacatecas y las cabezas de los animales sacrificados las metían al horno para luego venderlas.
Había otro pregonero que anunciaba “chicharrón de vieja”, que no era otra cosa que chicharrones de tripa de res.

Era muy común que todo mundo promoviera su mercancía a vivo grito, sin embargo, hay que aclarar que entre quienes mejor realizaban este trabajo de pregoneros era un personaje conocido como El Chueco Lázaro, una persona de mayor edad, quien pese a estar inválido, utilizando sus muletas recorría la ciudad, vendiendo semillas tostadas de calabaza y anunciando los productos que le encomendaban algunas tiendas de la localidad.

Otro pregonero de potente voz fue Manuelito Valdez, personaje a quien conocimos y tratamos de cerca. Megáfono en mano se hacía presente en los cruceros de las empedradas calles de Jerez, y lo mismo anunciaba alguna barata, que la pérdida de un caballo, un cochino o una res, mencionando la cantidad que se ofrecía de “albricias”, es decir de premio o recompensa a quien entregara lo perdido o informara su paradero.

Otro vendedor solo gritaba “el chingao” y cuando la gente se acercaba, veía que se trataba de camote morado.

Indudablemente, uno de los más populares, quien por años y años recorrió las calles de Jerez fue El Gallo, personaje que empujando un carrito, vendía su nieve; su penetrante voz se podía escuchar a dos cuadras de distancia.

Era en la plaza Tacuba, donde se encontraban los puestos de frutas y verduras. Ahí se escuchaba el grito de “ruido de uñas”, indicando a la gente que ahí se vendía buen cacahuate.

En torno al Jardín Hidalgo, otros gritos que se hacían presentes eran los de: “Cañas y no barañas”, mientras que en puestos aledaños se escuchaba el clásico: “Haaayyy Naranjasss...”

No se puede dejar de mencionar a un vendedor de Birria que en el portal de las Palomas vendía su producto, con su pregón de: “Birria caliente y gordaaaaa.”

Hubo otro pregón que por las calles de Jerez se escuchaba, era el de un personaje que arreaba cuatro burros cargados cada uno con 4 botes llenos de agua de río, su grito era “ahí val’agua”.

No existían la sonoridad de las bandas musicales, pero había varios tamborazos, entre ellos el de Severo, el de “Los ratones”, otro donde tocaba Nicho Ayala y el de El Birriondo. La música fina de la típica más conocida era la de don Jesús Pérez, aunque también estaba la Orquesta de los Hermanos Guerrero.

Las piezas musicales escogidas eran invariablemente: Recuerdos a Cuca,  Hasta el Cielo, Las Tres de la Mañana, Alejandra, Vals Emperador, Los bosques de Viena, Flor de Azalia y hasta la Obertura Clásica de Poeta y Campesino.

Por extraño que parezca, tales melodías eran muy conocidas entre la clase media del Jerez de hace medio siglo, aunque para los campesinos y gente de rancho fueran otras las preferidas, tocadas por la música de tambora: La China China, Los Colorados, Las Torres de Puebla, El 32 de Infantería, Juan Charrasqueado, Lino Rodarte, El Corrido de José, éste último plagiado por Luis Pérez Meza, al igual que Cornelio Reina se plagió la canción de Manuelito Valdez llamada Te vas ángel mío.

Visitas a San Antonio
Una costumbre que no se ha perdido del todo, son las visitas a San Antonio, a quien le achacan la solución de los problemas de pareja y hasta la falta de ella; se mencionaba que el Santo era el protector de las damas que van con devoción a pedirle que les mande un pretendiente. 

Se comentaba hace cinco décadas que para que se cumpla el milagro, debe hacer trece visitas en martes ininterrumpidos al templo de Ciénega.

Los varones jerezanos, con disimulo se acercaban al templo para ver salir a las “desesperadas” que iban. Algunas paisanas tuvieron su milagro antes de cumplir los trece martes.

Paseo en el jardín
El paseo en el Jardín se originó pasada la Guerra Cristera, los jóvenes que habían quedado, luego del éxodo de las familias linajudas, no tenían ninguna otra distracción que acudir al jardín para poder ver o saludar a las mozas de aquella época. 

Gradualmente, las familias se fueron integrando y mientras los padres permanecían sentados en las bancas, los solteros caminaban en el sentido de las manecillas del reloj por el andador interior, mientras que las guapas jerezanas, lo hacían en sentido contrario. En cada vuelta se encontraban dos veces, por lo que todos lucían sus mejores galas. 

Eran famosos los combates de flores, serpentinas y conffeti, en la actualidad para muchos los dos últimos materiales son prácticamente desconocidos.

Ahora la proliferación de antros, discos, lugares de baile y bares, han hecho que esa costumbre se pierda.