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El Recreo
Enjuiciar a las instituciones, un derecho inalienable        
J. Luis Medina Lizalde 15-03-2017 22:22 hrs

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Un país que ya no se conmueve por el descubrimiento de una fosa clandestina conteniendo 253 cráneos humanos ?está urgido de cambios profundos,? este tipo de hechos impactan más a la prensa mundial que a la nuestra como consecuencia de la cotidianidad del horror afianzando la pasividad colectiva y la salida por la tangente de los gobernantes que en su retórica revelen lo lejos que están del camino de reversión de la violencia
El secretario de Gobernación Osorio Chong, al hacer entrega de créditos de vivienda  en Coacalco, Estado de  México, hilvanó el discurso más desafortunado de un funcionario con tanta responsabilidad directa en la catastrófica situación.
Su elogio de la Policía Federal y de las Fuerzas Armadas rebasó los límites del legítimo reconocimiento para agredir a quienes con pleno derecho y muchas veces empujados por la injusticia denuncian excesos cometidos por soldados y policías. 
Osorio Chong manifestó ?que no se cansará de defender las instituciones “de quien no creen en ellas y las denostan, pues seguramente no ven las armas con las que los delincuentes enfrentan a las fuerzas de seguridad”.
No es socialmente justo desconocer los riesgos y los sacrificios de policías, soldados y marinos,   que padecen desde que Calderón buscó la legitimidad no obtenida en las urnas declarando la guerra al narcotráfico, sin plan previo elaborado por gente que supiera de eso.
Pero eso no significa hacerse de la vista gorda ante los crímenes cometidos por miembros específicos de las fuerzas armadas y de las policías de los tres órdenes de gobierno 
 La sangre derramada, la parálisis  en amplias regiones, la inoculación de dinero sucio en las actividades económicas y la secuela de delitos en serie de secuestros, extorsiones, trata de blancas,  ejecuciones  son  la pesadilla de una mala decisión que Peña Nieto no quiso o no supo rectificar entre otras cosas por la incapacidad del gobierno para garantizar que sus propios elementos se ciñan a la normatividad que regula su desempeño
Osorio Chong, en su servil afán de congraciarse con los que manda al matadero por su incapacidad,  arremetió en contra de los ciudadanos que externan pensamiento crítico respecto a la vida pública cuando dice: “Mando el mensaje a quienes no creen en las instituciones, a quienes no creen en ellas y las denostan, (sic) a quienes dicen que no es posible  actúen así nuestras fuerzas armadas o nuestra Policía Federal porque eran jóvenes, porque era su necesidad”.
El secretario de Gobernación  habla como aspirante  a una candidatura  presidencial  buscando contrastar su postura con la de López Obrador que sostiene una visión del problema opuesta a la que gobierna, ?lo criticable es que arremete  no contra la visión que no comparte sino contra el derecho que tenemos todos  de enjuiciar libremente a las instituciones. 
                
Deslinde necesario  
Defender las instituciones condenando el derecho a criticarlas es inadmisible  en democracia, pues el libre análisis? de su pertinencia, de sus zonas oscuras, es un ejercicio indispensable, claro.
También es cierto que la crítica fundada reclama no confundir las instituciones con sus miembros porque entonces ninguna se salva.
A?sí, por citar algunos ejemplos, no hay derecho a condenar a la iglesia católica por las andanzas de Marcial Maciel, ni al Ejército M?exicano por los generales narcotraficantes, ni al PRI por Javier Duarte o al PAN por el exgobernador Padrés  ni al PRD por Abarca y así hasta el infinito..? 
En todo colectividad grande o pequeña, es común conocer de transgresores a los valores compartidos empezando por el pequeño grupo que conformó el primer círculo de Jesús de Nazaret en dónde uno tomó la decisión de entregar a su líder a cambio de treinta monedas.
En terrenos más mundanos, no existe asociación pequeña o grande  capaz de blindarse contra la condición humana y para comprenderlo basta repasar  historias de familia de cualquier entorno.

Instituciones fallidas 
Por otro lado hay que advertir la trampa de exonerar por sistema a las instituciones al concentrar la responsabilidad de lo anómalo en el individuo sin reparar en los factores institucionales que hacen posible conductas transgresoras  y lo que es peor, que  resulten impunes
La institución Iglesia Católica no se desacredita por la  conducta del fundador de Legionarios de Cristo,  le ocasionó un grave daño moral  el solapamiento del alto clero durante años. 
 La Universidad Autónoma de Zacatecas  resiente  daño por la presunta corrupción alrededor de un contrato millonario con recursos de Secretaría de Desarrollo Social?, ?la separación inmediata de implicados y la investigación a fondo de lo que hay detrás, ?con su secuela correctiva,   es la forma de cuidar su? autoridad moral pero si no existe poder institucional con capacidad de reacción inmediata,? la institución padece una atrofia que debe ventilarse y corregirse
Nos encontramos el lunes en E?l Recreo.